Este puñetero enero

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  • El mes de enero viene con mala leche. No hay más que mirar  la fotografía más indigna que he visto en los últimos tiempos. Observar –sin detenerse- las jetas de los recogidos en ella -muy bien puestecitos-, como si se tratara de una orla en la que se recoge la promoción de terroristas malparidos durante la segunda parte del siglo pasado. El escenario es el más adecuado: un antiguo matadero. No se merecen ni un comentario más. Con su mala bilis se lo coman.

    “…Aprender a manejar “la table”, er guasá”, “er tuit”, “er feisbú”, y la madre que los parió”

    Por otro lado, la monarquía se tambalea. Lógicamente, sus miembros están haciendo oposiciones al desempleo y al final lo van a conseguir. La avaricia rompe el saco. ¡Con lo bien que podían vivir saliendo en los sellos y en el Hola! Hasta de este espacio los van a echar los Jesulines y la preclara escritora Belén Esteban. Finalmente a pasar por los jueces. Todo se pega.

     
    La buena noticia de hoy ni nos la ha traído ni la lotería de Navidad ni la del Niño. Eso es una batalla perdida. Nos la traen los buenos propósitos. Adelgazar, andar todos los días, aprender a manejar “la table”, er guasá”, “er tuit”, “er feisbú”, y la madre que los parió. Aprender inglés -de verdad- y olvidar a los políticos, los sindicalistas y los banqueros. Como decía el Santo de los viejos tiempos: si cada año conseguimos realizar un propósito -o quitarnos un defecto-, seremos pronto perfectos.

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    Lo del ordenador es urgente. Aquellos que hemos pedido conferencias telefónicas con Antequera y recibido telegramas -con las tiras pegadas en una hoja azul- en los que ponía stop de vez en cuando, nos encontramos sobrepasados por las noticias, los comentarios, los cotilleos y las redes de comunicación e información en general. Nos tenemos que poner al día y abrir unas cuentas que no son corrientes, pero sí son necesarias.

     
    En febrero volveremos a la rutina. A ver brotes verdes en todas partes, menos en tu precaria economía. A comernos el turrón sobrante a escondidas. A abrirle otro agujero al cinturón para nada. A buscar los fondos de los bolsillos y las cuentas corrientes. Está chupado: enero solo tiene treinta y un días. Lo tenemos que superar con la ilusión de que esto se va a arreglar, o que por lo menos yo me voy a arreglar. Y a vivir. Vale la pena. La vida es bella. L@s terroristas fe@s, malencarad@s y muy desgraciad@s no lo han entendido ni lo entenderán nunca. Porque no quieren. Sencillamente. Ese puñetero enero…

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