Cogidos de la mano

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  • Últimamente ven­­go observando que, con una inusitada frecuencia, se producen divorcios y separaciones de personas mayores. El proceso de paso de la actividad plena a la jubilación, no siempre es bien asumido por los matrimonios que, durante muchos años, han convivido sin vivir con. Es decir han llevado líneas paralelas pero no convergentes, más bien divergentes. Esta situación ha llevado a la realidad de dos vidas individuales e individualizadas que han desembocado en una soledad compartida. Ambos cónyuges se sienten privados de una libertad que les concedía las horas de separación (muchas) a las que les obligaban sus roles vitales, tanto en la vida laboral (en distintas ocupaciones) como en la casa. Algunos hemos conseguido darnos cuenta a tiempo y poner medios para remediar posibles consecuencias.

     

    El desenlace negativo lo estoy presenciando en los matrimonios de varios amigos o conocidos. Encima de que se rompe el matrimonio, los hijos, demostrando poco talento e inmadurez, toman opción por uno de ellos y el otro superviviente se encuentra solo, mayor y sin horizontes. El paso de los años les han hecho perder las ganas, las habilidades o las posibilidades  de empezar de nuevo. Las redes sociales y el Imserso están remediando alguna de estas situaciones, propiciando el encuentro entre personas que se hayan en unas edades en las que estas carencias deberían estar resueltas.

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    Mi buena noticia de hoy me ha surgido en un viaje en autobús. Desde hace cierto tiempo estoy desplazándome, siempre que puedo, en los medios de transporte colectivo. Esta situación, al no tener que estar pendiente del tráfico, te permite observar con más detalle cuanto sucede a tu alrededor. Entonces los he visto. Una pareja que se encuentra en edades más cercanas a los ochenta que en los setenta. Llenos de dolamas compartidas. Ella curándose de una enfermedad que asusta. Él andando muy derecho pero con dificultades de visión. Después de una dolorosa separación, por una parte, y una viudedad, por la otra, sus caminos se han encontrado. Y son felices.

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