Morir de poesía

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  • En El retrato del artista adolescente, un Joyce crepuscular hace un canto a la condición misma del ser humano. Escapar; escapar de las barreras de la nacionalidad, de la lengua, de la religión…, todo eso de lo que, en ver­­dad, es imposible escapar, di­ce.

     

    Alpha Pam se creyó el artista de Joyce al dejar atrás Senegal y ve­nir a España. Con la de sitios donde podía haberse aventurado, Alpha eligió este pobre y entristecido país para liberarse de la na­cionalidad, la lengua y la religión, donde la atención sanitaria, en otros tiem­pos más amables, era universal y gratuita, algo que políticos y mer­­ca­deres demolieron en cuanto tuvieron una o­portunidad. De­masiado bueno para el pueblo, quizás.  O quizás cuesta tanto de mantener, que deja poco margen para pagar las deudas que no contrae el pueblo, precisamente. Y es que Pam creyó poder en­fermar de tu­ber­cu­losis en Es­paña, como si eso fuese tan fácil. Mejor morirse, claro. O dejarlo que se muera sin atenderle. Uno menos. A ver si de una vez se desvanece el sueño de una vida más justa, más libre y algo menos penosa para todos estos que vienen en patera.

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    Escribía Alejandra Pizarnik en su Diario unas hermosas palabras sobre su aventurado fin: ella moriría de poesía. No será en Es­pa­ña, desde luego. El caudal in­contenible de oprobio, dolor y sec­tarismo que ha teñido la at­mósfera de gris no deja lugar pa­ra lo poético; sólo para lo político. Y nada para la aventura ho­mérica de un chico que se lanza al mar para encontrar un mundo mejor. La globalización es un dólar, no un alma. Pizarnik creía que ser yo es un acto de fe, diario, continuo. Imposible.

     

    ¿Por qué me llamasteis para subir a los montes / Si yo, niño de las ciudades del valle, no sabía respirar?  El tuberculoso Pam no leyó nunca a Pessoa. Los cantos de sirena de las televisiones vía satélite le mostraron un mundo de cocacolas y telefilmes, de be­lla palabrería y mercaderes con ipad. ¿Por qué viniste, Alpha, si no sabías respirar este aire pútrido y decadente de siglo XXI?

     

     

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