Somos diferentes

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  • El español es un ser diferente al resto de los humanos, parece que está hecho de otra pasta. Basta con dar un repaso a la historia para descubrir que somos una simbiosis entre el "Lazarillo de Tormes", "Don Quijote", Viriato, Gainza, "Manolete", "el Lute", "Agustina de Aragón", María Zambrano, el doctor Marañón, Guardiola, Ramón y Cajal, Bibiana Aido y otros. Así nos va.
    Mi buena noticia de hoy me la proporciona un alto ejecutivo de una de las Cajas de Ahorros más importantes de España. Me amonesta cariñosamente indicándome que en mis artículos no me hago eco de los éxitos obtenidos por las empresas españolas en el extranjero. Y lleva razón. Quizás por desconocimiento, o porque estamos más atentos a lo que pasa en la piel de toro, no le damos relevancia a lo que hacen los españoles allende las fronteras.
    El español desde siempre ha sido, en frase de mi abuela, "candil de puerta ajena". Es decir, que hemos prestado más atención -o realizado más eficazmente- nuestro trabajo fuera de España. Los hispanos liberaron Tierra Santa en las Cruzadas, crearon rutas económicas en el Mediterráneo durante siglos, se asentaron en toda la Europa conocida de los inicios de la edad moderna, descubrieron, colonizaron, llevaron el idioma e intentaron culturizar casi toda América, mantuvieron su presencia en las colonias hasta principios del Siglo XX, y finalmente, a mediados de dicha centuria, realizaron otra nueva invasión, esta vez en forma de trabajadores emigrantes a la Europa poderosa económicamente, y mientras, España hecha unos zorros. De todas esas empresas volvimos con los pies fríos y la cabeza caliente. En todas partes dejamos una impronta de españoles universales sustentada en la conjunción entre los diversos personajes reflejada al principio de este artículo. Pero estoy cansado de escuchar y de vivir presencialmente que los españoles somos unos excelentes trabajadores… Allí. Que si aquí desarrolláramos nuestros conocimientos y capacidades de la misma forma, el milagro alemán se quedaría chico. Lo mismo pasa con nuestra empresas. Todo el mundo reconoce que la industria española de la construcción y las obras públicas trabaja maravillosamente. Sus proyectos y realizaciones son admiradas y requeridas en todo el mundo, incluidos los países más desarrollados. Enhorabuena.
    Pero ¿por qué no actúan de la misma manera cuando lo hacen en España? Aquí ya aparece la picaresca y el negocio fácil. Y se desarrollan obras como la Autopista del 92 o el recientemente descubierto pufo en el Puerto de Málaga, donde desaparecen y adelgazan misteriosamente pilares y columnas. ¡Valiente chapuzas! ¿A quién echamos la culpa: a los constructores, a los políticos… a los técnicos? Entre todos la mataron… Insisto, enhorabuena a las empresas de obras públicas españolas que trabajan en el extranjero Mi reconocimiento a los parados españoles que han tenido que recurrir de nuevo a la emigración (conozco cuadrillas de albañiles paleños que han estado trabajando en la Europa del este, en la península arábiga y ahora se marchan a Shanghai, en extremo oriente, a buscarse las habichuelas). Pero, digo yo, ¿por que no empezamos a desarrollar en España las habilidades que demostramos fuera de ella y creamos un país tan floreciente como aquellos a los que vamos a darlo todo? Los españoles, somos diferentes.

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