Chaqueteros y plumeros

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  • En estos tiempos en los que surgen tantos partidos políticos y se dan casos de tránsfugas de unos a otros por intereses propios, viene a cuento una de las oportunas y elocuentes frases hechas que enriquecen nuestro lenguaje y cultura. Se trata de la de “Ese es un chaquetero”, que se refiere al individuo oportunista y cínico, dispuesto a cambiar de bando si pintan bastos en el partido político en el que milita, buscando mejor cargo y beneficios económicos. También se dice de quienes se suben al carro del vencedor y olvidan a los amigos de siempre.

           chaqueta  Antaño, a esta actividad innoble se le denominaba “Cambiar de casaca”. Se originó a mediados del siglo XVI, cuando se produjo la Reforma Protestante y las guerras de religión en Europa. Católicos y luteranos vestían casaca (antecedente de la chaqueta actual), de colores diferentes con forro cambiado. El forro de la casaca protestante era del color de la casaca católica, y viceversa. Como deserciones y traiciones eran frecuentes, a quienes se pasaban al frente contrario les bastaba con volver la casaca al revés para advertir al antiguo enemigo de sus intenciones de abrazar la causa.

             Sobre esta cuestión de tránsfugas y aprovechados también es ilustrativa la frase hecha de “Vérsele a uno el plumero”. Es decir, descubrirse sus intenciones y pensamientos. Según el escritor Rafael Escamilla (1931-2005), la expresión alude claramente al penacho  de plumas que sobre el morrión llevaban las milicias nacionales creadas a principios del siglo XIX para defender los principios liberales y progresistas contra la Monarquía. El morrión era la armadura de la parte superior de la cabeza, en forma de casco, y que en lo alto llevaba como adorno un plumaje o plumero. De ello derivó que quienes, sin manifestar abiertamente su tendencia o simpatía hacia lo liberal y participaban en conversaciones o tertulias de tipo político y, por mucho que las disimularan, cuando llevaban un rato hablando, acababan viéndoseles el plumero. Curiosamente, el plumaje rojo sobre el gorro militar lo siguen llevando desde comienzos del siglo pasado los miembros de la Guardia Real de España.

  • Por otra parte, también “se les ve el plumero” a quienes por interés o dependencia aparentan estar de acuerdo con la afiliación política de la persona con la que habla y, cuando se descuida, dice lo suficiente para que el otro le vea el plumero. Y son muchos los que en las encuestas de opinión declaran sus preferencias de voto a un partido político, y dan la papeleta al partido contrario, echando por tierra los sondeos más elaboradas. 

             Por último, a propósito de la reseña anterior, un detalle histórico poco conocido: En 1641, el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte urdieron una conjura para proclamar al duque rey de Andalucía aprovechando las muestras de desgobierno y debilidad del rey Felipe IV. El plan fue descubierto y sus protagonistas detenidos, pero no recibieron castigo penal. Los conjurados, que  estimaron que se produciría un alzamiento popular, no habían contado con el extendido malestar de la población andaluza, agobiada por los impuestos nacionales y locales. Algo semejante es lo que ocurre con la cuestión de la independencia de Cataluña, alentada por  políticos radicales y temerarios que desprecian la realidad social y las consecuencias de la aventura.

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