La calidad de la Justicia

  • José Saramago (1922-2010), premio Nobel de Literatura de 1998, dejó escrito: “La espada de la Justicia siempre corta más hacia un lado que hacia el otro”. Por otra parte, en un cuadro alegórico al óleo del juzgado de un pueblo figuraba la leyenda: “Dura Lex, sed Lex”, Satisfizo mi curiosidad el juez del lugar traduciendo el aforismo jurídico: “La ley es dura, pero es la ley”, añadiendo en sentido literal: “La Ley, que debe ser justa debe de aplicarse íntegramente, si no dejaría de ser justa”.

    «…que sus abogados logren aplazar durante años el juicio, la devolución de lo robado y la correspondiente condena, mientras que la Justicia le exige una ridícula fianza tan desproporcionada, comparativamente,  como si a quien le echan de su hogar por impago de la hipoteca le dejaran en él y sólo le retuviesen la jaula del canario»

             Sería lo ideal pero, por exceso o defecto, cuando la medicina de la penalización jurídica no se aplica en la dosis apropiada y justa crea indignantes agravios comparativos, como por ejemplo el caso de la anciana de Canarias que mantenía a la familia con su pequeña pensión, que por negarse al derribo de su mísera vivienda un juez la condenó a la cárcel, y más tarde por instancias del Gobierno fue indultada. Sin embargo, ex-ministros y altos cargos políticos, acusados y convictos de enriquecerse por graves corrupciones económicas, gozan de plena libertad sin retirárseles el pasaporte, dando lugar a que aseguren el botín en otros países, y que sus abogados logren aplazar durante años el juicio, la devolución de lo robado y la correspondiente condena, mientras que la Justicia le exige una ridícula fianza tan desproporcionada, comparativamente,  como si a quien le echan de su hogar por impago de la hipoteca le dejaran en él y sólo le retuviesen la jaula del canario. Y todo esto por imperar la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón.

    Referido al caso de la anciana encarcelada, en una tertulia en Televisión alguien dijo: “La justicia que no mira la realidad es una justicia absurda”. Por el exceso en la aplicación de las sentencias judiciales, Marco Valerio Marcial (40-104), poeta latino nacido en Bilbilis (actual Calatayud), declaró: “La máxima justicia es la máxima injusticia”. En este sentido, la aplicación de la pena de muerte en algunos países, al ajusticiar al criminal en nombre de la ley se comete otro crimen, más horrible y abominable aún por ser a sangre fría, sin que este método penal haya servido a través de los siglos para erradicar o disminuir las acciones criminales. No menos crueles son los procedimientos “legales” de cortar la mano al ladrón o matar colectivamente a pedradas a una adultera metida en un saco, condenas aún vigentes en diversos países.

  • Debiera de bastar la privación de la libertad, el don más preciado de la persona. Si no como medio regenerativo total porque los barrotes de hierro no suelen generar el arrepentimiento que sería de esperar, al menos sirven para quitar de la circulación a quienes puedan seguir haciendo fechorías. Sobre esta cuestión, Concepción Arenal (1820-1893), escritora española, dejó su frase más célebre: “Odia al delito y compadece al delincuente”, que resume su visión de los delincuentes como el producto de una parte de la sociedad abandonada y reprimida, y de individuos de instintos perversos, todos faltos de buen encauzamiento desde la niñez. Por otra parte, el famoso ladrón y violador estadounidense Caryl Chesman (1921-1960), tras evitar ser ejecutado a morir en la cámara de gas dejó escrito: “La sociedad dispone de muchos medios para reprimir los delitos y muy pocos para evitarlos”.

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