Un niño entre zarzas

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  • Los niños -¡ay los niños!- nos dan montones de alegrías y de malos ratos. Los que estamos acostumbrados a estar rodeados de ellos, tenemos dos alternativas vitales: o nos encontramos hartos de los mismos y estamos deseando que nos los quiten de encima, o los estamos echando de menos y esperando que vuelvan a estar a nuestro lado lo más pronto posible.

    Y es que los niños, salvo para esos individuos raros que los detestan, son el motivo de nuestra esperanza y el acicate para seguir luchando por un mundo mejor. Todos queremos proyectar nuestros deseos frustrados en sus personillas y nos volvemos a reencarnar en sus logros. En una palabra: los niños son nuestro futuro.

    Por eso sufrí tremendamente la noticia recibida en las primeras horas de este año desde Cataluña. Recogía la pérdida de un niño de tres años en una zona rural de Gerona; en Camós, un pueblo cercano al lago de Bañolas, en las estribaciones del Pirineo catalán. Los niños siempre se pierden en un descuido. Sobre todo a la llegada a un lugar nuevo. Investigan por su cuenta mientras descargamos las maletas y… no saben volver. Nunca olvidaré aquél día que perdí a mi hijo Jesús de tres o cuatro años en la playa y como apareció en una moto de la Policía Municipal muerto de risa.

  • La buena, la extraordinaria noticia, primera de este año, es la aparición de Jordi después de encontrarse durante 20 horas perdido en el bosque y refugiado entre zarzas. Un milagro. Un milagro interpretado y protagonizado por cientos de voluntarios que renunciaron al champán y al cotillón y recorrieron palmo a palmo la zona. “Esta putada nos puede cambiar la vida a todos”, manifestaba el abuelo de Jordi durante la búsqueda. Pero la constancia en la búsqueda de un padre y un hijo, médico por cierto (otra casualidad), dio como resultado el encuentro de un niño hambriento pero en un estado físico aceptable.

    Dos “pepes” catalanes: Josep y Josep María, han sido los brazos de la “casualidad” (basada en la fe, la esperanza, la constancia y la voluntad) que ha permitido el rescate de este niño que podía haber sido el nuestro.

    Espero que este 2016 me permita transmitiros un cerro de “buenas noticias”. Esto será señal de que el sentido común está volviendo a los habitantes de este mundo que nos empeñamos en fastidiar.

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