Del nuevo cerebro

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  • Jugándomela, en mi artículo ‘La mejor máquina del mundo’, publicado en el Diario de 31 de octubre del pasado año, sin cortarme un pelo, apostaba: “Bueno, pues todas estas máquinas producidas por la genialidad humana, aunque parezca paradójico [entre otras citaba el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) de Ginebra, el renacido Bugatti o el telescopio espacial Hubble], son poca cosa comparadas con esa otra que cualquier persona, usted que habita en mis antípodas o yo que vivo en Vélez-Málaga, podemos llevar displicentemente en el bolsillo: asómbrense, el móvil Note 3 de Samsung con pantalla de 5.7 pulgadas, recién salidito del horno coreano”.

     
    Tal fue mi estupor ante este ‘disparatado cacharro’ —que encabezaba la revolución de los smarphones de gama alta y acabó por consolidar la categoría de los phablet (phone + tablet) —, presentado en la IFA de Berlín de septiembre 2013. ¿Las claves que argumentaba, entre muchas más?: “que por la necesidad de llevar permanentemente el teléfono en el bolsillo, tienes a la mano, y al instante, todo lo conocido y todo lo pensado por la humanidad, sin que, por ello, un aficionado al ‘mundo’ y a la fotografía, como yo, tenga que cargar con el pesado fardo del portátil, la cámara, el video…”.

     
    Un año después, el pasado 30 de noviembre, en un más difícil todavía, Manuel Vicent se sumaba a mis delirios en su dominical columna de El País. Lo que aprovecho para regalar a mis lectores un extenso retazo de su excelente literatura. Por muy borde que, en otro orden de cosas, nos resulte el escritor de la Malvarrosa:

  • Observen que Vicent todavía habla del ‘retrasado’ iPhone

    “Hasta ahora el cerebro no ha tenido rival. Ni el corazón ni el sexo, cuyo prestigio es innegable, han conseguido disputarle la hegemonía, puesto que en su masa encefálica residen el pensamiento, la memoria, las emociones y el lenguaje. Así ha sido, al menos, desde el tiempo de los primates, pero al viejo cerebro de toda la vida hoy le ha salido un competidor, un cerebro nuevo que ya no es carbónico sino metálico, que los humanos suelen llevar en el bolsillo, aunque ya se ha convertido en carne de su carne. (…) El iPhone es el nuevo centro de mando que obliga al viejo cerebro a pensar, sentir y comunicarse según los nuevos instintos informáticos. Lo que antes se llamaba el yo, ahora se llama el pin. Solo que antes el yo residía en el fondo de la conciencia introspectiva y ahora el pin está manipulado a distancia por fuerzas que ya no controlas. Hoy te pueden desguazar el cuerpo por completo y mientras no te toquen el iPhone serás tu y no otro, pero en este caso tendrán que dejarte al menos dos dedos para pulsar el teclado.”

     
    Observen que Vicent todavía habla del ‘retrasado’ iPhone. Y es que, a la vista está, no leyó en su día el final de mi artículo : “Entre bromas y veras, terminaré alertando a los genios de Apple (de cuyos aparatos fui usuario y enamorado) del peligro que corren de que el gusto burgués por el lujo de lo ‘costoso & inútil’ (los iPhone 4 y 5 de 3.5 y 4 pulgadas, por tan pequeños, no pasan de teléfono) los devore…, cuando la gente espabile y ya sea demasiado tarde. Por lo que me pregunto: ¿para cuándo un phablet de Apple?”
    Pues no han tardado tanto en contestarme los chicos de la manzana, menos de un año, poniendo en el mercado el iPhone 6 Plus de 5.5 pulgadas.
    ¡Las cosas del mundo globalizado!

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