Árbitros

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  • En la semana que acabamos de terminar, hay un punto de inflexión, que va a hacer, que el baloncesto en general lo veamos de otra manera.
    En una sociedad actual, donde la corrupción campa a sus anchas y donde está a la orden del día, el quítate tú, para ponerme yo. No con la sana intención de hacerlo mejor, sino para hacer lo mismo, llevármelo calentito y procurar que no me pillen o si lo hacen, que sea lo más tarde posible.
    Los puristas de este deporte, ilustres plumas de prestigiosos diarios, ya no podrán mantener que los “sobres” o “regalos” también los hay entre los colegiados de Baloncesto.
    Al árbitro, lo hemos rodeado de un aura inmaculada, que en muchísimos casos la merecen. Pero la mala hierba crece en todas partes y aunque nos duela, en el arbitraje de nuestro deporte también.

    No hablo del chaval que le gusta el baloncesto, se saca el título y cada fin de semana, se dedica a impartir justicia a equipos de chavales y niños. Ni tan siquiera a los que despuntan en las categorías más bajas de las ligas profesionales

    No hablo del chaval que le gusta el baloncesto, se saca el título y cada fin de semana, se dedica a impartir justicia a equipos de chavales y niños. Ni tan siquiera a los que despuntan en las categorías más bajas de las ligas profesionales. Ni tan siquiera a los mal intencionados que se dedican a favorecer al equipo amigo y ven en cada zona las cosas de distinta manera y la miden con distinto rasero.

    Me refiero a la élite de este deporte que debe de ser el espejo en el que se miren, todos aquellos que en sus sueños se ven pitando en la Euroliga, La liga ACB o porque no, la mítica NBA. Soñar es gratis y de momento los políticos no saben cómo cobrarnos impuestos por ello.

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    Esta élite que como digo, es en la que se miran los noveles, no pueden asistir impertérritos a espectáculos como el que dieron el señor; por llamarlo de alguna manera, Sreten Radovic y los figurantes que le acompañaban, para arbitrar el partido del Martin Carpena, entre el Maccabi de Tel Aviv y nuestro Unicaja.

     
    ¿Qué puede pensar o aprender de semejante individuo un árbitro que empieza?
    ¿Qué hace cuando arbitre su próximo partido? ¿A caso lo imita?

     
    Esta es la sana intención que me mueve a escribir esta columna. Si la Euroliga no castiga de forma ejemplar este y otros comportamientos, que se dan una semana si y otra no; que ejemplo estamos dando a los que empiezan. A aquellos que llevan aun su mente y conciencia limpias. Los instalamos en el todo vale.

     
    Creo que la “profesión”, o más bien, la vocación de árbitro es muy sacrificada, tanto que se denomina al buen árbitro, como aquel que pasa desapercibido en el encuentro que arbitra. Al que se equivoca para los dos equipos igual, por una mala interpretación de la regla y no por un recelo o buscando una dadiva del equipo contrario.
    Hay que perseguir a aquellos que deshonran la palabra árbitro, a los que ofenden al colectivo cuando así los denominan.

    Mi aplauso y mi reconocimiento para estos jóvenes que van aprendiendo a arbitrar y al mismo tiempo van ayudando a los entrenadores a formar hombres, gracias a este y otros deportes

    Vaya por delante mi admiración para todos esos jóvenes y no tan jóvenes que cada fin de semana se dedican a pitar a chavalines que abultan menos que el balón de juego. A esos que cuando les pitan una infracción, tranquilamente se paran y les explican porque se la señalan. A los que del arbitraje hacen un magisterio del deporte del baloncesto y van más allá de pitar un simple partido y ganarse unos euros. Van a enseñar un deporte que cada día más, es un estilo de vida.
    Son piezas fundamentales en el engranaje de este deporte, que si las viciamos, con ejemplos como los del jueves pasado, acabaremos fastidiando la delicada maquinaría de este deporte.

     

    El juego limpio, ha de presidir nuestras mentes, pese a, que como humanos, tengamos nuestros errores

    Mi aplauso y mi reconocimiento para estos jóvenes que van aprendiendo a arbitrar y al mismo tiempo van ayudando a los entrenadores a formar hombres, gracias a este y otros deportes. No permitamos que la cultura del “Pelotazo” también se instale aquí, como en la vida real y que como en ella estemos en manos o de iluminados o de corrompidos.
    El juego limpio, ha de presidir nuestras mentes, pese a, que como humanos, tengamos nuestros errores.
    Sobre todo no dejemos sin castigo estos ejemplos, que tanto deterioran las mentes limpias, de los que ahora comienzan.

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