Elecciones europeas

  • Así, al avolunto, tal y como están de mal las cosas en Europa, España, Andalucía y Vélez, el cuerpo me pedía votar al más que vistoso cartel electoral, el profesor Pablo Iglesias, que presentaba ‘Podemos’; o a cualquier otra formación minoritaria, con la que poder mandar al carajo a los instalados políticos del bipartidismo institucionalizado. Ahora, a la vista de sus 5 diputados, podría fardar de lo listo que soy entre mis chamuscados amigos y vecinos votantes de la corrección bipartidista. Pero, ¿hubiese sido lo más conveniente, …para Europa, España, Andalucía o Vélez? Desde luego que no. Tenía claro que lo fácil era apuntarse al populismo de moda. Aquí y ahora, pensaba que de lo que se trataba era votar a tenor de lo que demandan las condiciones objetiva, y no de dejarme llevar por las emociones del momento. Lo que se imponía, dadas las truculentas circunstancias del mundo global, era el voto racional y responsable. Ése que me dictasen mis ya viejas luces, apoyadas para el caso en mi aún joven sentido común.

     
    Con todo, entiendo perfectamente que tantos se rasguen las vestiduras ante esta Europa de los mercaderes. Que si antes nos mandaba dineros a espuertas para poder adecentar socialmente nuestras ciudades y pueblos (¿se acuerdan los que me leen de cómo estaba Vélez y los pueblos de alrededor a principios de los 80, sin ir más lejos?), ahora nos machaca reclamando hasta la última gota del vino del inglés que por entonces alegremente nos bebíamos. Y no es para menos: de ser otras las condiciones, en vez de hacer el papel de contestatarios de salón votando ‘Podemos’, lo suyo (¡con 6 millones de parados!), ya puestos, sería que los barbudos, a lo Fidel, nos tirásemos al monte para acabar de una puta vez con los capitalistas y los jodidos mercados. Y santas Pascuas.

     
    Pero, colegas de francachela y revoluciones, estarán conmigo en que el mismísimo Don Carlos (Marx), de levantar la cabeza, hoy nos alertaría —sensato él— de que en esta España europea no se dan las “condiciones objetivas” para tales aventuras. Y es que —a pesar de la natural indignación y de valer lo dicho—, a lo máximo que hoy el progresismo radical nos puede llevar es a votar ‘Podemos’. Lo que me parece muy bien, amén de legítimo: siempre y cuando asumamos conscientemente de que, con ello, no conseguiremos más que espolear (que no es poco) a las grandes formaciones del bipartidismo.

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    En un mundo globalizado en el que el sudeste asiático se puede permitir el lujo de crecer vertiginosamente —gracias a que no tienen (aún) los ‘estados de bienestar’ que la vieja Europa comienza a soportar a duras penas— y, por ende, acosar industrial y laboralmente a los europeos, entiendo que es un suicidio anunciado atomizar políticamente la Unión Europea con veleidades seudorevolucionarias como la de “reventar el bipartidismo”. Ya sabemos el fiasco del ‘Pepito’ Grillo italiano, y veremos qué pasa con la Francia de Le Pen.
    Y si a ello le sumamos el zafarrancho segregacionista que se nos avecina en la más vieja nación de Europa, apaga y vámonos.

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