Debate en defensa de Juan Breva

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  • Respuestas a Luque Navajas y José Morente.

    Introducción. Con fecha de 20-12-2013, publicaba en el Diario La Axarquía un largo artículo en defensa de mi paisano Juan Breva, titulado Juan Breva, expulsado del Paraíso (de La Malagueña, se entiende) y subtitulado -Proclama contra las tesis de la Peña Juan Breva-, consciente de ser el primero que en el último medio siglo, libre de prejuicios vecinales o sociales, sacaba a la luz pública asunto tan comprometido y principal en el flamenco. Sobre este artículo he recibido dos réplicas, publicadas también en el Diario con fechas de 14 de marzo y 4 de abril: la primera de José Luque Navajas y la segunda del arquitecto malagueño y estudioso del flamenco José Morente del Monte. Pasado un tiempo prudencial, ahora intento contestarlas conjuntamente.

    Respuesta a Luque Navajas. La verdad, no me esperaba de mi estimado amigo Pepe Luque semejante áspera respuesta a mi escrito, como la publicada con el titulito Eppur si muove en este mismo medio. Yo confiaba que lo haría a la altura de su prestigio de máximo responsable —junto a la Peña Juan Breva, de la que fue su fundador allá por los 60 y su flamencólogo por excelencia— de las tesis que desde hace medio siglo sustancian el saber malagueño sobre el cante flamenco y, por tanto, sobre Juan Breva.
    Por el contrario,  para mi sorpresa, me encuentro con una faena de aliño nada flamenca, ni analítica, sin querer mirarle los cuernos al toro del asunto que nos ocupa: el de la expulsión de Juan Breva del cante por malagueñas. Empeñado Luque en llevarse la lidia al falso terreno de lo personal, en las antípodas de la trascendencia del debate de ideas que mi artículo plantea y exige. Sin la más mínima defensa de unas tesis, las suyas, que a mediados del pasado siglo propiciaron (asumidas sin crítica por la Peña) el triste secuestro del Breva en el baúl de la ‘Bandolá’. De la que el flamencólogo sevillano Manuel Ríos Ruiz, en su libro Ayer y hoy del cante flamenco, 2005, afirma: “no existe escrita la palabra bandolá en ningún texto sobre flamenco. Nadie lo hace hasta Navarro Rodríguez, ya a mediados del XX, pero sin documentos que fundamenten su teoría sobre la palabra bandolá”. Navarro y, añado yo, Pepe Luque: el primero en su contra y el segundo como su inventor.
    La confusión en términos y fondo de la respuesta de Pepe no le hace nada bien al saber flamenco. Pepe: mezclar la amistad y el afecto que sinceramente te profeso —tantas veces manifestado a través de tantos años— con mi profunda discrepancia sobre tus brevianas tesis, es sacar las cosas de quicio, acercándolas  innecesariamente a la gresca callejera. Mi artículo, sencillamente, responde a la perentoria necesidad que el flamenco malagueño tenía de haber alzado la voz hace ya tiempo; en el punto y hora que escribiste aquella fatal sentencia: “Malagueñas de Juan Breva. Error. No es de buen aficionado llamar malagueñas al cante de Juan Breva”. Con la que decenio a decenio, tus fieles seguidores han venido confundiendo a la afición, negándole el pan y la sal de su razón de ser al, por antonomasia, ‘rey de las malagueñas’.
    Feo, muy feo, el desdén con el que rematas tu respuesta: “Que para no contrariar a Antonio Jiménez y a otros infalibles flamencólogos hay que decir que lo que cantaba Juan Breva eran malagueñas… Pues vengan las malagueñas de Juan Breva a honrar a su creador, que no han de causarme enojo”. Una salida por peteneras, a la que prefiero responder por boca de Pepe el de la Matrona (Recuerdos de un cantaor sevillano, 1975): “Como Juan Breva cantaba las malagueñas, que daba gloria oírlo, pues ya empezó la malagueña a agruparse en el flamenco, porque antes no se cantaba más que por soleá y por seguiriyas, serranas, el polo y la caña, las peteneras y los cantes sin guitarra”.

  • Respuesta a José Morente. Sobre el segundo escrito, de José Morente, sólo me queda agradecerlo. Por cómo ha entendido mi artículo y por el buen talante con el que participa en el debate. Verbigracia: “Es de agradecer que se aborde hoy el tema del flamenco en un artículo periodístico y sobre todo cuando se refiere a un cantaor malagueño [Juan Breva] tan relevante pero probablemente desconocido para las nuevas generaciones de aficionados al cante”. // “Debates [estos] que, en mi opinión, lo que recogen —realmente— no es quitar importancia a nadie sino profundizar en nuestro conocimiento e interés por el flamenco que estoy seguro es, también, el interés del autor del artículo”.
    O por la matización, generosa, de que la opinión que le atribuyo —la de considerar adecuado el término abandolao para designar cierto acompañamiento de guitarra— la recoge de lo que sobre el tema ya escribió Pepe Luque. O por su solidario canto, que le honra, al medio siglo “que Pepe Luque y la Peña que ostenta el nombre del cantaor de Vélez-Málaga llevan difundiendo y defendiendo la figura del Breva”. Canto que, como tantas veces he manifestado con hechos y escritos, también yo comparto. Sólo que (y he aquí la almendra de la cuestión), medio siglo después, a trancas y barrancas, al fin he visto la razón de que tales buenas intenciones pro de Juan Breva, de Pepe y de su Peña, vienen equivocadas en origen, como argumento en Juan Breva, expulsado del Paraíso.
    El posicionamiento de Morente sobre si el veleño cantó malagueñas, lo publicaba en su blog, ‘La razón incorpórea’, el 6-6-2011: “Es cierto que en los años que se producían estas reflexiones [sobre que Juan Breva no cantó malagueñas], el estudio del flamenco estaba en mantillas y estas disquisiciones tenían su gracia y su interés. Hoy, a la vista de los datos disponibles, están plenamente superadas. Debemos desechar la curiosa denominación propuesta para los Cantes del Breva y aceptar sencillamente lo que parece ser más correcto: Juan Breva sí cantó malagueñas”.

    Conclusión. En suma, un debate en defensa de Juan Breva; a cuyo servicio, tanto Pepe Luque como su Peña, deberían de poner su bien ganado prestigio a la sombra del legendario veleño para que, entre todos y definitivamente, podamos devolver al César lo que legítimamente es del César en la historia del flamenco. Sin que ellos den el gran paso, considero que será difícil reponer al veleño en el reino de la malagueña de donde nunca debió ser expulsado.
    Sin necesidad de armar la marimorena. Dejando las cosas del flamenco malagueño como están: sólo reconociendo al Breva como el gran creador, difusor e introductor de la malagueña en el flamenco; la pura y originaria malagueña, la auténticamente vernácula que abrió las puertas del ‘Paraíso’ a las que después llegarían. Estas ya con su carga de melismas ajenos, singularidades personales o nuevos toques de guitarra, advenidos con el pasar del tiempo (eppur si muove), de los legendarios Chacón, El Canario, El Mellizo, y el largo etcétera que felizmente le han sobrevenido.

    NOTA: Para leer cómodamente los 3 artículos aquí aludidos, busquen en google: issuu – diario la axarquia pepe luque Así aparecen las fechas de los artículos: 20 diciembre (el mío); 4 de abril (el de Morente) y 14 de marzo (el de Luque). Pinchen y en la 2ª página, lean por orden de salida.

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