Victimismo nacionalista

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  • Que la experiencia es un grado, la líder del partido UPyN, Rosa Díez, tuvo la ocasión de ponerlo de manifiesto en el Congreso de los Diputados el pasado día 8 con motivo de la demanda catalanista del derecho a decidir “su futuro”, cuando en el transcurso del debate del Congreso brillantemente dejó constancia de la ventaja de conocer de primera mano las artimañas del victimismo sentimentaloide que el nacionalismo acostumbra a esgrimir sin escrúpulos en cualesquiera circunstancias, regionales o locales.

     
    De todo esto sabemos mucho los veleños después de todo un cuarto de siglo, durante el que nuestros partidos municipales anduvieron dando palos de ciego y dejándose en su transcurso la respetabilidad de la ciudadanía, abrumados entre la delirante demagogia y el permanente victimismo del separatismo torreño. Felizmente, la aventura independentista ha sido derrotada sin paliativos, amén de por la propia realidad del municipio, por todos los tribunales habidos y por haber, y una galopante crisis que cabalga sobre la reducción de municipios en vez de sobre su enfermiza partición.

     
    Será por esto que el discurso de la Diéz se me antojó como el más contundente, certero y clarificador, sin rodeos innecesarios y directo al grano: “Todo el mundo está a favor del diálogo y la paz, y a favor de la negociación, pero luego hay que entrar en materia. Negociar ¿qué y con quién? Luego, con alguien que lleva a gala no cumplir las leyes, no hay nada que dialogar”; “Ustedes han traído a esta cámara un debate absolutamente antieuropeo sobre la necesidad de levantar fronteras. No hay discurso más antieuropeo, más reaccionario. Un discurso basado en la hispanofobia, que se parece demasiado a la eurofobia”. Sobre este candente asunto, el flamante jefe del Gobierno francés, el español nacido en Barcelona Manuel Valls, acaba de proponer en la Asamblea Nacional la reducción a la mitad de las 22 regiones que componen la Francia metropolitana. Y es que, por las trazas, alguna razón tenía don Manuel Fraga cuando con tanto éxito apadrinó aquel eslogan turístico del franquismo, ‘Spain is different’.

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    Así las cosas, podríamos terminar con ese poquito de humor que tanta falta nos hace: Valga como aviso —a la vista de la obligada salida de Cataluña de la Unión Europea y del euro si se segregase de España (¡cinco siglos juntos, al menos, nos contemplan!)—, que, precisamente, haya sido el Atlético, ¡de Madrid!, al día siguiente mismo del sonoro portazo del Congreso, el que ha expulsado al Barça de Europa…

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