Aunque sean bajitos

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  • Hace unos días, gente de toda la comarca despidió con pena a Antonio Medina, empresario modélico en un sector del que todos seremos clientes.
    Le conocí hace más de treinta años cuando llegué a la comarca de la que todavía no han logrado echarme compañeros de página, como Jimenico.
    Con el trabajaba mi cronista deportivo favorito, Enrique Atencia, quien siempre advertía en los escritos que yo había de corregir (fue la asignatura más difícil de mi carrera) que “en  el fútbol no hay enemigo pequeño”.
    En el mundo empresarial tampoco hay “pequeños empresarios”,  aunque alguno sea bajito, presumido y con afanes de escritor.

     

    «Antonio Medina era un empresario modélico, hecho así mismo, de los que andamos escasos»

    Y digo que no hay empresario pequeño porque todos,  aunque sólo se contraten a sí mismos o a su parejas, merecen mi respeto. Son ellos los que arriesgando su dinero, su tiempo y su salud, crean empleo y riqueza.
    Por eso mi mayor estima a este hombre que lo único que no ha pagado ha sido su propio entierro. Era un tipo admirable, muy “de orden”, muy del mismo PP que le ha apuñalado en Nerja al morir sin poder poner en marcha el  nuevo tanatorio que  me mostraba entusiasmado, como si enseñara el chalet que los Toto tenían en Caleta.

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    La impresionante capilla, más grande que muchas parroquias de la comarca. El gigantgesco ascensor para los coches fúnebres, como de las películas.
    E incluso me metí con él en la sala de autopsias, con su reluciente mesa de acero inoxidable, y en el depósito frigorífico para 20 cadáveres bien acomodados.

     
    Ese era su oficio y lo hacía con dignidad e ilusión siempre por mejorar. Se gastó más de 3 millones de euros en ese edificio tan necesario para Nerja. Una soberbia instalación que tenía terminada desde hace 6 meses (hasta las cucharitas de la cafetería) y que a la que el Ayuntamiento nerjeño no le daba la licencia de apertura porque le faltaba el acceso que la misma administración había de realizar.
    Hace unos días vi en su entierro a esos mismos políticos con cara de pena y muy poca vergüenza. La familia me dió las gracias por haber apoyado a este gran hombre y sólo eso me contuvo la náusea.
    Le debía este artículo que siempre escribo sobre un  chiste. Hoy no tengo el cuerpo.

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