Adolfo Suárez

  • Le estaba haciendo falta a España un baño de patriotismo democrático y tranquilo como el acontecido con motivo de la muerte de Adolfo Suárez, recuperando por un día la unidad nacional (como tituló El País). El primer presidente de la democracia, que de manera insólita, junto con el Rey Juan Carlos I, hizo posible que los españoles transitáramos ejemplarmente de la dictadura franquista al sistema de libertades propio de la normalidad europea. Alcanzando así, cual guía para la mejor gobernación, un impagable referente de cordialidad, tolerancia y honestidad; preñado de los mejores valores humanistas y políticos que su figura encarnaba. Una sin par lección de historia, la suya, que lo ha erigido con todos los honores en un político sólo comparable a estadistas de la talla de nuestro paisano Cánovas del Castillo, autor a su vez de otra transición política: aquella que en la segunda mitad del siglo XVIII nos sacó a los españoles del hundimiento de la I República (cuatro presidentes para el escaso año que duró) y nos instaló en la normalidad monárquica de Alfonso XII,
    Insuficientemente hemos valorado los españoles la sagacidad política e intelectual del Rey, cuando, jugándose el tipo y la corona, hacía historia eligiendo a un hombre gris, criado políticamente con Franco, apadrinado de Herrero Tejedor, gobernador Civil, procurador en Cortes, consejero nacional del Movimiento y, finalmente, Secretario General del Movimiento. ¡Cuando todo el mundo esperaba un hombre de pedigrí democrático; tipo Areilza! Por contra, he aquí el tremendo e histórico mérito de Don Juan Carlos, la auténtica clave de la exitosa Transición, cuya estela, por fortuna, ha llegado hasta nosotros. Si bien, peligrosamente desgastada por el ulterior partidismo, la generalizada corrupción política, la matanza terrorista vasca, o las recientes veleidades soberanista de Cataluña.

     
    Se equivocaron en el 76 los que pensaron que designando a Adolfo Suárez se equivocaba el Rey al elegirlo para pilotar la Transición; se equivocó el historiador aquel que escribió “qué error, qué inmenso error”; se equivocaron los que no quisieron ser ministros con él; se equivocaron los que creyeron que Suárez no era la persona idónea para hacer el gran cambio de la dictadura a la democracia.
    El Rey no se equivocó: Suárez, ante la sorpresa del mundo, nos escribió una de las más brillantes páginas de la historia. Obviamente, junto a tantos otros…
    Gracias, Adolfo.

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