De un año que pasa

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  • Al menos, los cambios de año sirven para hacernos nuevas ilusiones; aunque las fuentes de inspiración adolezcan de un estancamiento (recesión en todos los órdenes) como el mundo no ha visto desde el crack del 29, salvo que el personaje en cuestión sea político o pasota. Sobre las depresivas trazas del año que pasa y la que está cayendo, sólo desde una calenturienta imaginación podemos vislumbrar con optimismo el año que nos llega. En septiembre pasado se cumplían cinco años, todo un quinquenio, de la quiebra que marcó el comienzo de la actual crisis, la de Lehman Brothers, el banco de inversión de Estados Unidos, sin que ante el nuevo año 2014 los nubarrones se hayan volatilizado a pesar de las galleguiñas buenas intenciones de Rajoy, …o las de nuestro Paquito Bonilla. En este atemorizado mundo de hoy, la única que entre los líderes mundiales puede cantar victorias —sin por ello estar tirurata—, amén de acogotar con sus interesadas reglas del juego económico al Viejo continente, es, ¿quién si no?, la alemana Merkel. Ahora, a más a más, con el Partido Socialdemócrata bien amarrado.
    A escala.

     
    Entre nosotros, los veleños, este año se nos fueron Manolito (lo que no deja de ser un respiro) y el pifiado tranvía (una buena noticia para nuestras famélicas arcas), y ahí siguen la obscena estación de autobuses, el fantasmal parque Tecnoalimentario o el sueño frustrado de La Villa…, pero para dirigir el CAC no se ha podido elegir a alguien más idónea que Marilú Reguero, la compañera de nuestro Eugenio Chicano (a la que le deseamos suerte en tan complicada tarea). Málaga ha tenido más suerte: su equipo de futbol dirigido por el chileno Pellegrini se paseó a lo grande por la Champions Ligue hasta el atraco de Alemania, el Pompidou (el famoso museo francés) la ha elegido como su sede en España y nuestra paisana Azahara Muñoz ganaba el Lacoste Ladies Open de Francia. A escala andaluza parece que, sin remedio, se hubieran evaporado los cientos de millones de los ERE y los sindicatos, con la evidente compensación del cambio de Griñán por Susana Díaz en la presidencia de la Junta. Y a escala nacional, con Bárcenas y Urgandarín campando de juzgado en juzgado y la empresa Sacyr dándonos el último susto con el paro de las obras del Canal de Panamá. Eso sí, con la granadina nacida en Cataluña, la nadadora Belmonte, asombrando al mundo de las piletas, el tenista Nadal acabando el año de número 1, Marc Marquéz de nuevo niño prodigio de las motos (el mismo que le vaciló para la historia a su mismísimo ídolo Valentino en la curva del ‘sacacorcho’ de Laguna Seca) o el futbolista Ronaldo pronto a recibir su segundo Balón de Oro. Como casi siempre, el deporte redentor echándonos una mano a los españoles. En Europa todo sigue igual: recortadas Grecia y Portugal y la inmigración clandestina que no cesa (ver Lampedusa), salvo el estimulante control total de la firma automovilística italiana Fiat, ya al filo de las doce campanadas, sobre la estadounidense Chrysler. Y en el mundo, peor todavía: en Sudáfrica se nos muere Mandela, el político al que admiramos y quisimos todos del uno al otro confín del Planeta, Obama que parece que no puede con la crisis ni con el Tee Party, el invierno en el que se ha metido Egipto después de su fallida primavera, los crueles conflictos civiles provocados por los islamistas que desgraciadamente nunca terminan en el continente africano, Mali, Sudan, Somalia, etcétera. En fin, la espiral de muerte del narcotráfico en Méjico…
    de todo un poco

     
    Pero todo no ha sido malo en este 2013 que pasa, no nos pongamos melodramáticos: a los veleños se nos esfumaba el sueño del ‘Cerro de Evaristo’ pero ahí continúan las obras del ‘Jardín del Cerro’ y, además, Paco Hernández inauguraba el CAC con una soberbia antología de su obra para la historia; si el cante flamenco se ha quedado sin ‘El Torta’, un fenómeno del rango de los ‘Agujeta’, y la copla sin Marifé de Triana y Manolo Escobar, al actor malagueño Rafael Núñez le daban la estatuilla de los Goya y el futbolista Isco vestía la roja y fichaba por el Real Madrid; si sollozando le decíamos adiós al sueño olímpico de Madrid (por ahora), Atapuerca nos regalaba con una huella humana de más de 400.000 años; a Hugo Chávez muerto en Venezuela, Maduro puesto;  si el nacionalismo catalán se inventa el simposio ‘España contra Cataluña, José Álvarez Junco coordina ‘Las historias de España’; el intelectual alemán Benedicto XVI se retira de Papa, pero lo sustituye todo un humanista como el argentino Francisco I; mientras descarrilaba el AVE de Santiago, el exagente de la Cía Edward Snowden frenaba en seco el sistemático espionaje norteamericano urbi et orbe; fallecidas Sarita Montiel, Concha García Campoy o Amparo Rivelles, Rafael Chirbes publica su novela En la orilla y Felix de Azua Autografía de papel; la desgracia de la aventura de María de Villota en la Fórmula 1, de alguna manera la desagravia Félix Baumgartner con su fantástico salto desde la atmósfera. Por estos vericuetos existenciales, unos en pro, otros en contra, está claro que la estrafalaria aplicación de la ‘doctrina Parót’ a los sanguinarios presos etarras es un cruel jarro de agua fría en el sentir de cualquier persona, pero no me negarán que el cultural y cosmopolita espectáculo de los premios Príncipe de Asturias de Oviedo —presentes allí hombres de la talla humanista y científica como Peter Higgs, el de la ‘partícula de Dios’ o el escritor Antonio Muñoz Molina, entre tantos admirables— nos es un clamoroso triunfo de la razón sobre la sinrazón del terror.

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    Tampoco, en estos recuentos, deberíamos dejar pasar el alegrón global que ha significado la elección del moderado Hasan Rohani para dirigir la política del Irán de los ayatolas y de la supuesta bomba atómica. O la calma chicha que sobrevuela el eterno y siempre explosivo problema Israel & Palestina, sobremanera ahora que de nuevo se han abierto las conversaciones por la paz. Un frente de calma que el gobierno colombiano de Santos Calderón tiene ya iniciado en sus negociaciones con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
    Y el postre

     
    Pero hay algo que no me quiero callar, aunque venga algo a contrapelo: ¿No han observado ustedes el descarado y burdo (el de antes, vía Hollywood, era más sutil) neocoloniamismo que los europeítos estamos sufriendo últimamente a través de los tradicionales canales dedicados a la cultura y los documentales? ¿No ven ustedes Canal de Historia, Odisea, Discovery Channel (o  Max) y un largo excétera plagado de una mediocridad que espanta, del regateo al tuneado de vehículos a la americana, entre tíos que asustan, tatuados o musculados? Incluso el sacrosanto canal de la ciencia y los viajes, la National Geografic, se ha bajado los pantalones ante el negocio. A todo esto, ¿con qué responde la vieja Europa? Desde luego que sin resuello alguno; como si estuviese a la retirada.

     
    Todo esto, entre la complejidad y la depresión que se han adueñado del panorama local e internacional, con la severa lección de economía que nos está dando la crisis. Antes, creíamos que la ciencia económica era monopolio de unos pocos sabios, y que aquello tan elemental de 2+2 suman 4 sólo era una regla a posta para los humildes ciudadanos de a pié. Algo que la crisis (vía Merkel) nos está demostrando que, sin trampa ni cartón, no sólo es de cualquier individuo, sino que también los es de los capitalistas y las naciones. De la que sólo se salvan los ladrones y los listos que abundan por doquier, contando los grandes salones, oficiales o privados, de aquí o de allí. Y un par de curiosidades: 2013 empezaba con la noticia de que en Tallín (Estonia) el transporte público era gratuito para todos los ciudadanos, por primera vez en Europa. Este que se nos echa encima, empieza con la liberación del consumo de drogas en Uruguay, con el argumento de golpear al narcotráfico. ¡Ojalá que estos experimentos con gaseosa me convenzan de sus bondades!
    Que tengan ustedes, lectores y gente de DIARIO, un mejor año 2014.

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