Vélez no tiene suerte (I)

- Publicidad -
  • Definitivamente, no tenemos suerte los veleños con los soberbios proyectos que durante el último decenio están teniendo lugar en nuestra ciudad. Conste de entrada el mérito de nuestros políticos (más bien de nuestros alcaldes) por haber sabido aprovechar las vacas gordas de las ayudas europeas con obras de la envergadura de la Avenida Juan Carlos I, El Ingenio (de Larios), el Teatro, el Tranvía, La Villa, el CAC y, todavía en sus inicios, la rehabilitación del cerro de la Ermita de los Remedios. Atrás quedan las tres primeras men­­­­­cionadas, que entre soles y sombras ya rezan como del pasado siglo. Aquí y ahora, nos estamos refiriendo a las cuatro últimas, que, terminadas o en vías de realización, pertenecen al nuevo siglo XXI: en las que se han invertido la friolera de 60 millones de euros. 40 del Tranvía + 14 de La Villa + 3 del CAC + 3 del Cerro = 9.960 millones de pesetas. Demasiado dinero para lo que se ve o se vislumbra. Y es que, si los aciertos de plantear tales obras fueron evidentes, no así, entiendo, la coherencia de sus diseños y funciones con las singulares necesidades que demandaba la realidad de Vélez-Málaga.

     
    El tranvía. Es verdad, confesémoslo, que a la mayoría de los veleños nos ilusionaba un tranvía, pero no a lo ‘tío Diego’. Bien pensado y bien estudiado, para que a las primeras de cambio no hubiese que pararlo por insostenible; amén de dejar, en tan sólo seis años, una auténtica trampa de relojería para las magras arcas municipales. Con todo, y a pesar de que los expertos a toro pasado ponen el énfasis en la poca población de Vélez-Málaga, yo sigo sosteniendo que el gran motivo del fracaso del Tranvía es haberlo planificado para que terminase en el cuartel de la Guardia Civil. Ejemplo: un visitante del Ayuntamiento que tuviese que ir a la Tenencia de Torre, habría de hacer un kilómetro a pie por cuatro en el tranvía. ¡Hombre!, para ir a Málaga (que está a 30 kilómetros) puede que el tal kilometrito mereciera la pena, pero no es el caso. Lo más in­­comprensible es que, en las conversaciones Ayuntamiento & Junta para estudiar su vuelta, nadie puso sobre la mesa el auténtico cáncer del tranvía: su disparatado trayecto que lo dejaba a las puertas de la ciudad. Total, 40 millones a la basura y un déficit de 2 por año. ¡Suerte que se lo hemos alquilado a nuestros antípodas!

     
    La Villa. Cuántas ilusiones rotas con el plan ‘De toda la Villa’, subvencionado por Europa con nada menos que catorce millones de euros, ¡14! Ya nos hacíamos ilusiones con el Barribalto de Frigiliana aquí en Vélez; sólo que elevado al cubo, dadas las excepcionales condiciones que nuestro ‘coliseo urbano’ posee comparado con el de la pintoresca villa de Antonio Navas. 360 grados de vistas, con Comares a un lado y Cómpeta al otro, la sierra Tejeda detrás, debajo la capital comarcal y allá al frente el Mediterráneo. Todo envuelto, artesanos, pintores, músicos, en un regusto de colores, sabores y callejuelas repletas de tiendas y mercadillos. Naturalmente que nada de esto surge de la noche a la mañana: hace falta tiempo, constancia, imaginación y mucho conocimiento cosmopolita. Pero empezando —al margen de esporádicas fiestas y los básicos arreglos del saneamiento y algunas calles—, como se ha empezado su engalanamiento, reconvirtiendo la calle principal, la Real, y la fuente que la corona en un esperpéntico homenaje al hierro colado, cual si La Villa fuese Baracaldo, ¿qué podemos esperar de lo por venir…? En vez de emplear mucha cal, mucho mosaico y mucho barro de inspiración andaluza o morisca.

  •  
    El CAC. No hay duda de que el Centro de Arte Contemporáneo es un instrumento cultural de primera magnitud para Vélez-Málaga y, en concreto, para familiarizar a los jóvenes pintores veleños con las últimas corrientes del arte español o de allende las fronteras. El problema es que, con el CAC, hemos empezado la casa por el tejado: cuando los sesenta años de ‘la pintura veleña’ todavía no disponen de la casa-museo que se merecen. Pero el mal ya está hecho. La cuestión, ahora, es: ¿cómo podrá desarrollarse el CAC, en cuanto CAC? —como reclaman los socialistas veleños que lo promocionaron (recordemos el escritito en el DIARIO de su portavoz, Juan Carlos Márquez, o el articulito de la Vozmediano)—, si por imperativo histórico, patrimonial y artístico tiene el deber de acoger el ‘desalojado’ tesoro de nuestra Pintura. El de los Antonio de Vélez, los hermanos Hernández, Eugenio Chicano, Evaristo, Guirado, Bonilla, Hidalgo, Valdés, Gallardo Gaspar, Lobato, Jurado Lorca, Carmen Jiménez, Belda…). Salvo que surja alguna solución dentro del CAC o fuera del CAC. Porque lo que está claro, por vergüenza torera, es que nuestra Pintura no puede seguir por más tiempo a la intemperie.

     
    El cerro. Desde el 92 latía en nuestro mundillo cultural la idea de ‘El Cerro de Evaristo’ consistente en vestir el Cerro con una pintura de Evaristo, solo que, en este caso, reproducida materialmente con árboles, matojos, senderos, bancos, fuentes, ahora de verdad. Un proyecto, sin duda genial (se le ocurriera a quien se le ocurriera), que hubiese significado para Vélez poner una pica en el Flandes del arte, pero que no ha podido ser. Mala suerte. En su lugar, ya han comenzado las obras de ‘El Jardín del Cerro’, un proyecto arquitectónico, esperemos que excelente, pero exclusivamente técnico, que albergará “una cafetería de 160 metros cuadrados, con una gran terraza que dará a un anfiteatro con escenario para 350 personas, así como la construcción de un columbario con capacidad para albergar 894 urnas cinerarias”. Aquí, en este cementerio de urnas bien relleno (por demás afrentosamente burgués y clasista), veo la solución para el CAC, en el caso de que sea necesario buscarle, fuera del CAC y sin mayores costes, esa digna sala-museo que la ‘Pintura veleña’ viene reclamando desde hace medio siglo.

     

     

    Por unos o por otros, por pitos o por flautas, mala suerte la de Vélez. Pero más que por los proyectos en sí, porque en origen no fueron concebidos atendiendo (¿mimosamente?) a las condiciones de la realidad veleña y sus circunstancias. Naturalmente, los políticos no tienen tiempo para estos nimios detalles y los técnicos, embebidos en su proverbial deformación profesional, ahí siguen a su bola empeñados en ignorar el contexto.
    Así pasan las cosas que pasan en esta tecnocracia de salón que de largo sufrimos los veleños.

    - Publicidad -
  • DEJA UNA RESPUESTA

    ¡Comenta!
    Introduce tu nombre

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.