Mandela, uno de los nuestros

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  • Sorprende que los fundamentos de dos de las más grandes empresas de la historia, una literaria, otra política, fueran levantados entre los barrotes de una cárcel: El Quijote de Miguel de Cervantes y la Sudáfrica en libertad e interracial de Nelson Mandela. Si el ‘Insigne Manco’ alcalaíno tuvo que bajar a los infiernos de la Cárcel Real de Sevilla (por mor de aquella originaria ‘culpa veleña’, recordemos) para crear la primera novela de la historia, los 27 años que ‘Mandiba’ o ‘Tata’ (como también le gustaba llamarse) estuvo en las cárceles de su país, le sirvieron para concienzudamente estructurar un pensamiento y una actividad política con la que, a la postre, sacaría al más potente de los países africanos (48 millones de habitantes, hoy) del infierno racista en el que estaba metido. El tristemente famoso ‘Apartheid’, vigente de 1944 a 1992, impuesto por la minoría blanca, los boers holandeses y los británicos.
    Si desde el Siglo de Oro español el Quijote es la gran referencia literaria del mundo, la Sudáfrica de Mandela ya es el paradigma de la pacífica superación de los odios y venganzas entre razas y clases sociales, que para el mundo entero y especialmente para los países africanos que emergen, será siempre el espejo donde mirarse y meditar, antes de recurrir a la violencia. También para la propia Sudáfrica que, todavía con las heridas al descubierto, aún no puede cantar victoria. Una titánica empresa intelectual, social y política que, con sólo su palabra y una sola legislatura de gobierno (94–99), a Mandela le bastó para enderezar el timón de la pacífica convivencia interracial en Sudáfrica y, con ella, orientar el futuro del continente africano.

     
    Con diez breves frases, acerquémonos al pensamiento que conformó tamaña empresa: —“He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, hasta lograrlo. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. —“Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre”. —“La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con los otros hombres, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad”. —“En el curso de mi vida he combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra”. —“Si usted quiere hacer las paces con su enemigo, tiene que trabajar con su enemigo. Entonces se convierte en su compañero”. —“Nunca me han preocupado mucho los premios personales. El hombre no se convierte en un luchador por la libertad con la esperanza de ganar premios, pero cuando se me notificó que había ganado el Nobel de la Paz de 1993 junto con el Sr. de Klerk, me conmoví profundamente”. —“Una prensa crítica, independiente y de investigación es el elemento vital de cualquier democracia. Debe tener la suficiente independencia de los intereses creados [y del Estado] para ser audaz y preguntar sin miedo ni trato de favor”. —“Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”. —“El sostén de todos mis sueños es la sabiduría colectiva de toda la humanidad en su conjunto”. —“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. —“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

     
    A la vistá está, un pensamiento humanista capaz de mirar cara a cara al prójimo, de intentar comprender al otro, sea negro o blanco, pobre o rico. Y que durante los funerales del estadio Soccer City, en medio de la mayor concentración de poder civil de la historia, así era valorado por los grandes del mundo actual:  —Felipe de Borbón, príncipe de Asturias: “Ha sido importante para el cambio y la evolución democrática de Sudáfrica, y para el fin de un símbolo oscuro del pasado como es el Apartheid”. —Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español: “Apostó por la concordia siendo un hombre en una situación muy complicada en un país muy difícil. Deja un legado muy difícil de superar, pero también un camino por el que este país y muchos otros deberían transitar en el futuro”. —Ban Ki-moon, secretario General de la ONU: “Mandela luchó por todos y cada uno de nosotros. Todos tenemos el deber de quererle, de hablar de su recuerdo, de encarnar su ejemplo en nuestras vidas”. —Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica: “No llamamos a ‘Madiba’ el padre de nuestra nación por corrección o relevancia lo hacemos porque ha sentado las bases para la Sudáfrica de nuestros sueños”. —Barack Obama, presidente de Estados Unidos: “Sudáfrica demuestra que podemos cambiar el mundo” / “Cuando la noche sea oscura, pensemos en Madiba y en las palabras que le reconfortaron en su celda: ‘Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma’. ¡Qué alma tan maravillosa era!”. —Dilma Rousseff, presidenta de Brasil: “El apartheid que Mandela y el pueblo sudafricano han derrotado ha sido la desigualdad más cruel de todos los tiempos modernos. Su paciencia histórica es un ejemplo para todos” / “Mandela, con su superioridad moral y ética, supo hacer de la verdad y el perdón, los pilares de la reconciliación nacional y de una nueva Sudáfrica”. —Raúl Castro, presidente de CUBA: “El diálogo y la cooperación son el camino para la solución de las diferencias mundiales”.  —Pranab Mukherjee, presidente indio: “El fallecimiento de Mandela representa la partida de un gran hermano”. —Andre Mlangeni, compañero de prisión: “Nelson Mandela encarnó los valores del sacrificio, la sabiduría y la paciencia y llevó la esperanza donde no la había” / “Hago un llamamiento a recordar su sonrisa única y a celebrar su vida y su legado”.

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    Nuestro honor a Mandela no sería ajustado a verdad, si termináramos sin dejar patente que en el origen de su pensar y sus muchos méritos estuvieron dos hombres extraordinarios: el premio Nobel de la Paz de 1984 y arzobispo cristiano, Desmond Tutu, y Frederik de Klerk, el último presidente blanco de Sudáfrica que lideró las reformas que pusieron fin a la política de apartheid, en 1991, y las negociaciones constitucionales con el CNA de Nelson Mandela. Negro uno, blanco el otro, los dos se jugaron la vida para crear las condiciones en las que Madiba pudo realizar su insólita obra, y realizarse.

     
    Admirable, aleccionador y ejemplar, el que los grandes de este mundo se hayan movilizado para rendirle pleitesía a un hombre que, como Cervantes, sólo patrimonializaba los valores sencillos de la persona, como la dignidad, la austeridad, la sensatez, el coraje o la honestidad.

     
    Nota: La última aparición pública de Mandela fue el 11 de julio de 2010 en la final del Campeonato Mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, la de España.

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