La Torre del Violín

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  • La mañana soleada del último domingo de noviembre invitaba a pasear por el pueblo. Entre cerros vestidos de olivos, almendros, encinas y alcornoques, con sus calles blancas, estrechas y empinadas, Totalán nos esperaba con su popular Fiesta de la Chanfaina.
    Mucha gente subiendo y bajando las cuestas, probando las pasas, las aceitunas, el vino de la tierra y mojando pan en los platos de aceite. Las pandas de verdiales amenizaban la fiesta con esa música antigua que siempre me fascina; a su son, las mujeres alzaban los brazos moviendo las cintas de sus castañuelas, y en sus mantoncillos negros las flores de vivos colores bailaban también a compás. La calle era un tapiz multicolor, un fundido alegre de aromas, sonidos y sabores que invitaba a disfrutar la fiesta. La perspectiva era hermosa desde el Mirador del Zagal, donde se alza, destacando en el paisaje, una torre coronada con una veleta en forma de violín. El lugar conmemora la derrota de parte del ejército cristiano a manos de El Zagal.

     

    El ataque morisco, según la leyenda, se produjo a la señal de un rabé, o violín, tocado desde la torre. Un precioso mosaico recrea ahora aquel momento: a lo lejos, entre los montes, el ejército cristiano llegando; en el pueblo, los moriscos, espada en alto, defendiendo el lugar mientras sonaba el violín. “El rabé gritador / con su alta nota / cab él orabín / taniendo la su nota / el salterío con ellos / más alto que la mota / la vihuela de péndola / con aquestos y sota”… La leyenda suaviza y embellece la historia. Imposible imaginar un toque de violín llamando a la batalla; la dulzura de la música entre odios,  espadas y sangre. Ahora, tanto tiempo después, la leyenda duerme en un violín de paz que da vueltas y vueltas en la veleta de una torre morisca, vigilando mientras baila el vivir tranquilo de gentes sencillas; avisando sólo de los ataques del viento.

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    Con el rabé sonando en el tiem­­po, seguimos recorriendo las calles de Totalán. Huele a chanfaina, y buscando donde probarla nos perdemos en la algarabía de las pandas, que siguen con sus verdiales. Entre la estética de trajes negros y camisas blancas de los ‘tocaores’, una mujer rubia, que parece extranjera, toca las castañuelas; viste un atuendo informal, con pantalones de cuadros y una rebeca de lana atada a la cintura, y tiene los cinco sentidos puestos en no perder el compás. Su pantalón se mueve porque se le van las piernas con la música que ella sigue atenta. Enton­­­­­­­­­­­ces, otra mujer -de Torre del Mar- la invita con gestos a bailar; ella, sonriente, asiente y pregunta: “¿La primera?”. Se sabe la danza, la está aprendiendo en Cútar, don­­de vive. Ella es sueca. Su marido, americano, es uno de los ‘fiesteros’ que tocan en la panda; viéndolo tan integrado, nadie diría que es de Los Ángeles. Las dos mujeres siguen bai­­­lando, con distinto acento, pero al mismo son. Yo  las miro, embobada, dejándome envolver por los violines, las guitarras, los palillos, el pandero… Pienso en lo hermoso que es que una música sirva para hacer amigos, para unir culturas. Después del baile, la sueca me cuenta que a ella y a su marido les gusta vivir en Cútar, que les encantan los verdiales y tapear de vez en cuando en Torre del Mar. Me enseña sus castañuelas y me dice que le es muy difícil bailar y tocar a la vez.

     
    Subiendo y bajando las calles, el rastro de la chanfaina nos lleva a un bar que se llama, como no podía ser de otra manera, ‘Arriba y abajo’. Con buenas vistas a los montes, ba­jo un  techado de cañizo, los platos amarillos de chanfaina vuelan de mesa en mesa; está buenísimo este sencillo guiso de patatas que da nombre a una fiesta popular.

     
    Mereció la pena visitar Totalán, probar su gastronomía, conocer a su gente y mirar el paisaje desde una torre de leyenda que suena a violín. El mirador del Zagal se quedaba atrás; la veleta seguía dando vueltas a la historia y el rabé sonaba mezclando su música imaginada con la de otros violines. Ajena al frío gélido de su país, la sueca seguía bailando al calor del sol y de los verdiales.

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