El ‘Cerro de Evaristo’ ha muerto, viva el Jardín del Cerro

- Publicidad -
  • Después de leer la soberbia entrevista con Mario Vargas Llosa que ABC publicaba el domingo pasado — en la que ‘nuestro’ Nobel se mostraba, amén de valiente, positivo y optimista sobre la lamentable vía soberanista catalana—, hurgando en mis archivos los artículos referidos al Estatuto de Cataluña me topaba con uno de 2004, en el que explicaba la pequeña historia de mi ‘ocurrencia’ de 1992 para  la rehabilitación del Cerro de los Remedios. Sabido es que las tales ocurrencias —que de tanto en tanto he evocado para evitarles el olvido—  se ha topado con el silencio (¿cómplice?) por parte de los alcaldes que se han sucedido en estos veinte años. Aunque la insistencia, al menos, bien haya servido para espolear a políticos y arquitectos del Ayuntamiento en la toma de conciencia de la necesidad objetiva de complementar la ya artística Ermita con la correspondiente reforma de su entorno. Tres años después, en 2007, ya estaba pergeñado el proyecto del ‘Jardín del Cerro’, como he podido saber recientemente. El final del sueño del Cerro de Evaristo, era de prever: hay silencios que cantan, Pero ya desempolvado el articulito, he pensado que no sobra, para la memoria histórica, volver a publicarlo. Eso sí, algo recortado para que quepa:
    EL CERRO (2004). En julio de 1992, en aquel fugaz mensuario comarcalista La Axarquía (experimental como todos mis periódicos de la época), escribía en la contraportada de su número 6, bajo el título El Cerro de Evaristo: “Soy de los que están convencidos que la Ermita de los Remedios la construyeron así, como está y en la explanada del cerro donde está, para que Evaristo Guerra la pintara. Por contra, si algún mural de alguna iglesia veleña hubiese estado esperando su pintor, de entre los de la Pintura veleña, ése, sin márgenes de error, sería Pepe Bonilla. En el origen, hay dos clases de pintores: aquellos que como Velázquez o Durero, o nuestro Paco Hernández, poseen la facultad para embellecer o sublimar la realidad sin serle infiel, realistamente; o, a lo sumo, trastocarla desde la voluntad, conscientemente. Y los otros, como Monet, Gauguín, Van Gogh, también Gaudí, y hasta nuestros Hidalgo o Lobato, pintan lo que pintan como lo pintan, porque sólo pueden pintar ‘a su manera’. A diferencia de los primeros, en estos últimos la deformación-recreación, no es un propósito intelectual, es una característica de la personalidad. Por tanto, apostando, entiendo que los veleños deberíamos de entregarle a Evaristo el cerro todo para que, a sabiendas de que es nuestro recreador por excelencia, estalle en tan mágico contorno toda la belleza de su genial deformación plástica”.
    Doce años después, desde aquel 92, persevero en el empeño. Casi ya finalizada, felizmente, la magna obra que contra viento y marea Evaristo viene realizando en las paredes interiores de la Ermita, es tiempo de volver a la carga con lo del entorno; ése monte-cerro-pecho del espléndido paisaje veleño que diría Hernández. Y es que, desde el mismo comienzo, siempre entendí que la obra que Evaristo se proponía en la Ermita de los Remedios, tendría su glorioso colofón si artística e imaginativamente éramos capaces los veleños de ‘vestir’ el montecito sobre el que se eleva. Mi idea era, y sigue siendo, la de que Evaristo vistiera el cerro con su arte. Esto es, que su visión pictórica del ermitaño entorno —previamente bocetado ‘a su manera’ en un cuadro (preñado de olivos, almendros o amapolas, entre los senderos, fuentes, bancos, etc, que se le puedan ocurrir) —, sea materialmente instalada sobre dicho cerro, a modo de manto natural. Ahora ya, con árboles, plantas o mosaicos, de ‘verdad’. Claro está, este bosquejo que adelanto es sólo un recurso para explicarme, y explicar, en pocas líneas el barrunto del 92; por supuesto que el artista hará lo que le venga en ganas, y a su manera. Árboles, viveros y técnicos, hay suficientes en la zona como para que, bien orientados, tal desafío pueda llegar a buen puerto sin demasiadas complicaciones o costes. Nada arcano o misterioso, que hoy todo está inventado: a la manera de como Gaudí decoraba a su gusto el espacio ‘urbano’ del parque Güell barcelonés. Una idea-proyecto, la nuestra, para cuyo tiempo de exposición pública, o propuesta para el Ayuntamiento, sopesaba como más conveniente cuando estuviese finalizándose la obra de la Ermita. Pero, para contarlo todo, ocurrió que alguien jugó de mala manera: Gloria Sarriá, entonces concejala de IU-Los Verdes, quien al escucharme atentamente la idea entre copa y copa en el antiguo Oasis de la calle del Río, le faltó tiempo para precipitar los acontecimientos, involucrando a Miguel Delgado, y hasta a Evaristo, al que le hizo venir expresamente de Madrid (vuelo que aún le deben). Yo, con testigos (en el Bar Mauco tras la visita al Cerro), sólo le puse una condición a la concejala para que yo me inhibiese totalmente del proyecto: que ella, Gloria, se tomase el asunto con la pasión, el respeto y la energía que la idea se merecía. En los días posteriores, se paraba y me contaba la buena marcha de sus gestiones (¡ya tenía una partida de 150 millones (de pesetas, claro); después, sospechosamente, no se paraba. Finalmente, pasaba mirando para otro lado. En suma, que de aquel ‘glorioso’ salpullido institucional nunca más se supo y mi consecuente escepticismo puso el resto. Hasta hoy. //
    Así pues, adiós ‘Cerro de Evaristo’, adiós. Pero no desfallezcamos, en su lugar ya han empezado las obras de un excelente proyecto, el ‘Jardín del Cerro’—técnico en su caso—, que en un año y 3 millones de euros se propone convertir la zona del Cerro en un gran espacio medioambiental y de ocio. En el que, asimismo, está prevista la construcción de una cafetería de 160 metros cuadrados, con una gran terraza que dará a un anfiteatro con escenario para 350 personas, así como la construcción de un columbario con capacidad para albergar 894 urnas cinerarias.
    Como veleño, me alegraré que esos millonazos sirvan a la mayor gloria de Vélez. No obstante, lo que sí lamentaré siempre, y me temo que los veleños conmigo, es que la ciudad de Vélez-Málaga haya perdido graciosamente la ocasión histórica de patrimonializar una singular instalación de incalculable valor artístico y monumental, que venía a armonizar en el exterior, con el Cerro, la extraordinaria obra realizada por nuestro pintor en el interior de la Ermita de nuestra Patrona.
    El Cerro de Evaristo ha muerto, ¡viva el Jardín del Cerro!

    - Publicidad -
  • DEJA UNA RESPUESTA

    ¡Comenta!
    Introduce tu nombre

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.