Centralistas contra el centralismo

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  • Está claro que, en esta vida, tenemos una opinión distinta de las cosas según la perspectiva en que se mire. Pero a veces nos pasamos. Y pasarse es lo que ha hecho un colectivo asentado en Málaga, que lleva tiempo dando vueltas a una idea que ellos consideran salvadora y que a otros nos parece poco menos que una ocurrencia.

     
    Hablamos de la Asociación Rayya. Estas personas se dedican a reivindicar Málaga y el injusto trato al que la somete la Junta de Andalucía. Vayamos por partes. Hasta aquí, el que firma está completamente de acuerdo con ellos. El centralismo sevillano que impera en la Junta desde que existe es intolerable y le sale la caspa por las hombreras. Todo correcto. Porque Andalucía es muy grande, muy extensa, muy variopinta y debería ser muy suya. Pero, en parte, por culpa de ese sevillanismo recalcitrante nos vemos como nos vemos. Y, bueno, cuando llega el PSOE a decir que el andalucismo no ha triunfado porque ellos han asumido las reivindicaciones propias de un nacionalismo sureño es como para llorar. De la risa.

     
    Pero desde hace unos meses, como decía, los amigos de Rayya han decidido dar un paso más allá. Recogen firmas para pedir la escisión de Málaga y la creación de una nueva autonomía uniprovincial, fuera de Andalucía. Hombre, por favor. Vamos a ser serios. No sólo porque la mayoría de los malagueños no se conciba separado del resto de los paisanos, sino porque detrás de esto subyace un sentimiento mucho menos idealista y utópico.

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    Es decir. Para Rayya, Málaga debería ser independiente. Pero cuando hablan de Málaga, lo están haciendo sobre la ciudad. La capital. Si acaso, también la Costa del Sol con su Marbella, su Estepona, Fuengirola o Benalmádena… y ya está. Hacia el este no se mira. Es decir, el agravio para ellos es de la Junta –que identifican erróneamente con Andalucía- hacia Málaga capital y su área metropolitana.

     
    Pero, ¿qué pasa con las zonas más deprimidas de la provincia? Por ejemplo, la Axarquía, la Sierra de las Nieves, Guadalteba o la comarca Nororiental. Málaga nunca, jamás, ha mirado hacia esos lugares. Todavía se recuerda la última sequía, cómo el embalse de La Viñuela menguaba por semanas y, cuando entramos en situación de verdadera escasez, el propio alcalde de Málaga dijo que nos olvidásemos de recibir agua. La Axarquía tiene muy poco que agradecer a las instituciones, pero desde luego mucho menos a una Málaga que nunca ha mirado hacia su propia provincia.

     
    Si desde Rayya quieren que Málaga lidere la lucha contra el centralismo sevillano –del que están igualmente hartos en Córdoba, Jaén o Almería, mucho más abandonadas que nuestra provincia, por cierto-, bien podría intentar aunar fuerzas con el resto de Andalucía, en lugar de querer cortar por lo insano con un tajo por encima de Cuevas de San Marcos. Y, de paso, podría predicar con el ejemplo y abrirse un poco más a su provincia. Tal vez así, algún día, podamos crear fuertes lazos con las cosas que nos unen a todos los andaluces, en vez de agarrarnos como clavo ardiendo a lo que nos separa.

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