Cantaba la fuente

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  • Cantaba la fuente su canción de agua, repiqueteaban alegres las notas de su música cristalina en la quietud de una templada noche de octubre.  Entre columnas de ladrillo que soportan el peso de la historia, en el hermoso patio de la casa donde una vez se hospedara Cervantes, y donde dicen que se pasea vagando en el tiempo un fantasma con sombrero, la fuente cantaba su música de siempre, esperando la visita de unas hermosas damas que llenarían el ambiente de aromas de música y poesía. El recital poético ‘Damas de Noche’, que desde ma­yo se ha paseado por lugares con en­­canto regalándonos música y ver­­- sos, terminaba su paseo en esta Casa Cervantes, donde una fuente nos esperaba con su relajante y can­tarina voz.

     
    Afinaban los músicos del quinteto Axarquía los clarinetes, la flauta, la trompeta, el piano, mientras el patio se llenaba de gente que esperaba, como la fuente, oír las vo­­ces que salen del alma de los poetas, y la música gratificante que las envuelve. La presentadora -sensible, serena y azul como su nombre-, abría el acto con su particular manera de sentir y cantar a la vida. La vida es bella, decía la música de los músicos llenando el aire de suspiros; la vida es bella, decía la voz de la presentadora, preparando los ánimos para lo bello. La fuente seguía cantando, ajena a los protocolos, coreando con su chorrito de agua las voces que hablaban de la vida: “Déjame aquí, si es posible, mientras me sorprenda la belleza leve de una amapola…”; otras que hablaban de la muerte: “Solo la muerte, sin embargo, cambia algo. Ya no hay paisajes, no hay punto de vista desde donde ejecutar la música”; y otras, de la decrepitud: “Isla del fin del mundo, conmovidos, vemos flo­­tar en pasmo la vejez, a la lunar deriva del asombro”.

     
    Entre las voces, la música bailaba un tango que escapaba de los instrumentos con lamentos de arrabal: “Por una cabeza / todas las locuras / su boca que besa / borra la tristeza”. El tango es un pensamiento triste que se baila, decía un poeta. La fuente seguía ensimismada con su alegre canción, que se hacía verso entre los versos. Hasta el fantasma que vaga perdido en las sombras de una leyenda, escondido en algún lugar de la noche dejaba por un momento su triste penar para emocionarse con esos suspiros del alma que son los versos.
    Damas del verano, apretadas florecillas blancas que escondéis al sol un secreto de aromas que entregáis, rendidas, al embrujo de las noches. Damas de noche, portadoras celosas de un aroma exclusivo que recuerda al verano; un perfume que duerme sus mañanas entre pétalos blancos cerrados al sol. Damas de noche, amantes furtivas de cielos oscuros, de luces de luna y brillos de estrellas…

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    La poesía y la música han paseado su perfume por lugares que conocemos, que amamos. El pasado viernes, en un anochecer de otoño, al son de un Capricho español se despedían hasta la próxima primavera. Fue emocionante para mí estar allí, esta vez entre los que se sientan al lado de los versos, entre poetas, como Zattara y Marzal, que nos regalaron sus pálpitos de vida. Entre las viejas columnas de una casa que recuerda a Cervantes, en­tre música y versos bailando al com­pás de una fuente cantarina, sentí que es hermoso dejar volar las emociones, compartir cartas a la vida, hechizos de luna y miradas al mar, entre miradas atentas y elocuentes silencios.

     
    Las ‘Damas de Noche’ vuelven a cerrarse para dormir el invierno. Esperamos que vuelvan, que se abran sus flores a la primavera. Que broten la música y los versos.
    La fuente, mientras tanto, seguirá cantando, endulzando la quietud de un patio y el penar errante de un fantasma con sombrero.

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