Por turnos

  • El alejamiento de la política con respecto a la realidad es cada vez más palpable. Eso no es nuevo. Pero lo que de verdad llama la atención y hace que el ciudadano se sienta un poco (más) quemado es que, erre que erre, nos encontramos casi a diario con manifestaciones de pesos pesados del establishment -qué bonito palabro- diciéndonos, otra vez, lo que tenemos que hacer.

     
    La última, del exministro Ra­món Jauregui, uno de los hombres fuertes del PSOE. Resulta que le parece que hay una tendencia “irreflexiva” a destruir el bipartidismo en España.  Y hombre, por el amor de Dios. Eso no puede ser. Porque está claro que este país, si no fuera por el PSOE y por el PP no estaría donde está ahora. Se nos viene, para empezar, la pregunta. ¿Y dónde está el país ahora? ¿Beneficia de verdad es­ta especie de turnismo político en­tre las dos grandes fuerzas? Por­­que a uno se le hiela el alma con según qué cosas. Era, cuanto me­­nos, cómico ver que la campaña del PP en Andalucía iba con el lema ‘La hora del cambio’. ¿Qué cambio? Salvo unas cuantas actitudes -que intentan hacernos creer que son diferencias abismales-, los programas de los dos partidos son más que parecidos.
    Dice Jauregui, también, que una suma de partidos pequeños no es la solución a la crisis. Desde luego, a la económica no. Pero todo depende de cuál sea la intención de esos partidos pequeños.

     

  • Porque hay casos como el de Torrelodones, en el que un grupo independiente empezó con unos cuantos vecinos y hoy gobiernan el pueblo con mayoría absoluta. Y los vecinos, bien contentos. Pero claro, son ganas de hacer las cosas por y para los ciudadanos, sin pen­­sar en el interés propio ni por supuesto salvaguardar el partido por encima de todo.

     
    El problema institucional de España no lo van a arreglar ni PSOE ni PP. Es completamente imposible que dos fuerzas que llevan 30 años con el quítate tú para ponerme yo, cada una con su clientela y su red de enchufes y coleguitas, tengan conciencia de que ya no convencen a nadie  y es necesario regenerar la confianza en ellos. Porque, además, legalmente y pese a que cada vez menos gente acude a las urnas, y también pese a que la clase política está considerada como uno de los grandes problemas del país, el reparto del pastel sigue siendo el mismo.

     
    Hay muchísimo camino por recorrer para que el ciudadano vuelva a confiar en sus políticos. Y, desde luego, cualquier iniciativa nacida de la inquietud por la ciudadanía, alejada de lobbies, industrias y presiones ocultas, es digna de admirar. Los grandes, antes de dar lecciones de regeneración democrática, que limpien EREs y Gürtels. Caiga quien caiga. A ver si son capaces. Y después, que hablen.
    Si pueden.

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