Un número de dos cifras

  • Después de los últimos casos de corrupción y las explicaciones que dan los imputados, uno llega a la conclusión de que la población española es extremadamente incomprensiva. Que te­nemos que respirar hondo tres veces -o cuarenta y siete- antes de lanzar nuestro dedo acusador sobre ningún angelito, que sin saberlo o incluso por error ajeno, haya tenido que visitar el juzgado. Menos mal que, como siempre, la Justicia de este país es efectiva y los pobrecillos vuelven a la calle. Aunque el mal trago ya no se lo quita nadie.

     
    Pero esto es España, y la peña es muy pasional. Y más en tiempos de crisis. Así que le cuesta comprender que haya registradores y notarios que se equivoquen hasta once veces y le atribuyan a la infanta Cristina la venta de fincas de las que ella obviamente no ha oído hablar siquiera. Encima, no tenemos nada mejor que ha­cer que pedirle al ministro de Hacienda -el ente tributario ha re­conocido dos de estos trece errores- que explique lo que ha pasado. Quiénes serán los ciudadanos para andar exigiendo co­sas. Si son los que han vivido todo es­te tiempo por en­cima de sus posibilidades y, por tanto, los verdaderos culpables de la crisis.

     
    Luego, lo de Ble­sa. El chiquillo sólo se equivocó dando unos créditos y ya por eso lo queréis meter en la trena. Como hicieron con Díaz Ferrán, otro que está entre rejas por optimizar bien los recursos. Y así sucesivamente. No me di­gan ustedes que no es lamentable que un juez intente por todos los medios condenar a un honrado banquero, menos mal que la Fiscalía puso los puntos sobre las íes pidiendo la nulidad de la causa. Claro que sí.
    O el caso del señor García Escudero. Presiden­te del Senado, ahí es nada. Le dan un préstamo de 24.000 euros y ahora lo imputan por no declararlo. Pero, por Dios bendito, que él no lo sabía. ¿Cómo se puede atacar de esa forma a un inocente por simple ignorancia?

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    Bueno, pues éste es el cuento que esperan que nos creamos mientras ellos siguen cerrando el círculo.
    Todavía tendremos que pedirles perdón por no resignarnos a que nos roben. Menos mal que ya, al menos, uno ve en la calle que la gente no es tonta. Que no se la cuelan. El día que me tope con un ciudadano empobrecido diciendo que lo de las fincas de la infanta es un error de los registradores que tras años de estudio no supieron teclear un número de dos cifras, se habrá perdido toda esperanza.

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