Luchando con los apaches

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  • La familia Gálvez ha sido una de las más destacadas del vecino pueblo de Macharaviaya, que ha dado cuatro nombres, al menos, para la gloria de estas tierras. En la época de sus nacimientos, Macharaviaya pertenecía al partido judicial de Vélez-Málaga. De entre esos nombres hoy vamos a re­cordar a Bernardo, un axárquico que luchó contra los indios apaches y que llegó a convertirse en toda una leyenda para los Estados Unidos de América. Nació el 25 de julio de 1746, siendo bautizado como Bernardo Vicente Apolinar de Gálvez Gallardo y Ortega, siendo hijo de Matías de Gálvez y Gallardo (Macharaviaya 1717-Mé­­­xico 1784), que llegase a ser Virrey de Nueva España.
    Educado bajo la firme disciplina de su padre, y con el ejemplo de sus tíos, desde muy joven, abraza el camino de las armas. Con dieciséis años, ostenta el grado de teniente de infantería, marchando voluntario, desde la Academia de Ávila, a la guerra de Portugal (1762). Tres años más tarde, y formando parte del ejército de don Juan de Villalba, pasa a Nueva España, estando a punto de perecer durante el viaje debido al naufragio sufrido en las costas de Tabasco.

     
    En la capital del virreinato toma contacto con su tío José de Gálvez, y, en 1769, el virrey Marqués de Croix, le comisiona para unirse con el comandante de Nueva Vizcaya, don Lope de Cuéllar, que le designa capitán de la primera compañía que se destinaría a la lucha contra los indios apaches. En 1770, cuando contaba 24 años, el virrey le ordena sustituir a Cuéllar, dado los escasos éxitos de éste. El joven Bernardo, despierto y sagaz, obtiene pron­to los primeros triunfos militares y diplomáticos. Puso especial interés en combatir a los indios apaches que, por aquel entonces, sistemáticamente asaltaban los caminos y rancherías, arruinando toda la economía del norte del país.
    Dejó escritas sus experiencias en Noticias y reflexiones sobre la Guerra que las tropas españolas mantienen en la América contra los Indios Apaches y otras naciones bárbaras.

     
    En 1771, y a solicitud de su tío José de Gálvez, Marqués de la Sonora, el joven Bernardo regresa a la Península. Precisamente, en ese año de 1771, el día 8 de marzo, fue aceptado, en compañía de su padre, como cofrade de la Real y Noble Congregación del Dul­ce Nombre de Jesús de Vélez-Má­laga, acto positivo de no­­­bleza que reafirma cinco años después al ser agraciado por Carlos III con el Hábito de la Real y Distinguida Orden de su nombre. También perteneció a los Caballeros Hijosdalgo de la nobleza de Madrid.

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    Gracias a sus méritos militares, especialmente en la plaza de Argel, alcanza el grado de teniente coronel, siendo destinado, nuevamente, a América, como gobernador de Luisiana y Florida. Allí logró identificarse con la población francesa de la Luisiana, y, aunque su gestión fue decisiva en el florecimiento de la provincia, lo que le dio mayor gloria fue su actuación militar en la guerra contra Inglaterra. Por su ayuda a la independencia, Gálvez gozó de gran popularidad en Estados Unidos, y, en la cúspide de su notoriedad, fue común en los banquetes oficiales brindar por la salud de los generales Washington y Gálvez, que apoyó la construcción del primer templo católico de Nueva York, como regalo de Carlos III.

     
    Habría mucho, muchísimo, que contar de este axárquico singular, que murió en 1786, cuando gobernaba como virrey en México, donde reposan sus restos. Para el pueblo americano, Bernardo de Gálvez es un gigante que colma sus emociones históricas siendo considerado uno de los personajes más grandes de su historia. ¡Menuda Historia!

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