Los buenos, los malos y los perseguidos

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  • Los tres o cuatro que aún no ha­yan desistido de leer este espacio cada semana, sabrán que se distingue por atizar sin demasiada misericordia a quienes detentan el poder y defender –aunque sólo sea con palabras, porque uno tampoco lo puede todo por desgracia- a quienes, sobre todo en estos tiempos, aprietan los dientes y tiran p’alante como mejor pueden.
    Pero si hay algo que me duela profundamente en el alma, un defecto de estos paisanos nuestros, es su falta de visión crítica y la rapidez con que se crean ídolos a los que se resisten a derribar. En este caso concreto nos vamos a poner deportivos para hablar del Málaga. El equipo de mis amores –y dolores-, que anda en pleno proceso de desmantelamiento ante la atónita mirada de una buena parte de los malaguistas y la aprobación de la otra.
    Quienes aprueban las salidas llegan a los argumentos más extraños. En el malaguismo se había hecho importante la figura de Manuel Iturra, un mediocentro desconocido hasta ahora que, llegado gratis y con un sueldo de risa para Primera División –aunque el chaval no tenía que pedir por las calles ni nada de eso, también es cierto- dio un rendimiento espléndido. Bueno, pues ahora que se ha ido ha sido esperpéntica la cantidad de descalificaciones a su capacidad futbolística e incluso a su persona. Todo porque “nos ha abandonado”.

     
    Cuando, realmente, la propiedad del club tiene buena parte de culpa de lo que está pasando. Su indecisión provocó la marcha de Pellegrini, su dejación de funciones hizo que UEFA y después TAS nos privasen de una segunda temporada en Europa que los jugadores se ganaron sobre el césped. Los impagos han sido constantes. Y sin em­bar- go, no pasa nada y hay quien lo defiende, hasta el pun-to de que aquel que sale del club pasa a ser directamente el enemigo número uno. Y no, señores. Al-Thani vino con unas ideas y una fuerza que hoy se ha desvanecido. Y lo mismo que en aquella ocasión todo fueron expresiones de sorpresa y una risa tonta cada vez que salíamos de Málaga, ahora buena parte de la responsabilidad es suya. No hace falta que se funda 60 millones en fichajes cada año, pero tampoco puede dejar un club en situación de vacío de poder. Todo tiene un término medio. Aunque, bueno, tal vez eso sea demasiado pedir en esta Málaga, reflejo del país en el que nos encontramos al fin y al cabo. Y donde aquel que cuenta las malas noticias y pone una nota crítica es finalmente el perseguido.

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