Gamberros

  • La madrugada del lunes al martes de este semana, el servicio de bomberos tuvo que acudir a apagar un incendio producido en los contenedores de basura que están instalados en el ‘Callejón de la Silla’, esquina de Calle de la Cilla, junto a la sede  de Afax-Proyecto Hombre. Eran las 4 de la madrugada, más o menos. Esto, que no deja de ser una noticia preocupante, se agrava si tenemos en cuenta que tal incendio afectó al cableado público, dejando sin diferentes servicios a un número difícil de calcular de vecinos. El teléfono, la electricidad, el alum­­brado público, la televisión por cable, internet… Cuando una gamberrada afecta a terceros y deja sin servicios prioritarios a una serie de vecinos, la cosa pasa a mayores. Lo más preocupante, todavía, es que es la cuarta vez que ocurre lo mismo en el último año, con los mismos contenedores, en el mismo lugar y con idénticas secuelas.

     
    Que un grupo de gamberros, o un gamberro, haga un daño tan grande, perjudique a tanta gente, y exponga a peligros, aún mayores de los ocurridos, a una parte de la ciudad, es algo difícil de entender. Los daños a los vecinos, contenedores destruidos, la intervención de los bomberos, el corte de electricidad, del alumbrado público, de la telefonía… Más, el susto al vecindario, las incomodidades y alarma creadas, el daño económico, etc., etc., etc.
    Es muy difícil que la comunidad pueda defenderse de estos actos vandálicos, propios de descerebrados, que se ocupan en las machadas de dañar por hacer gracia, de divertirse a costa de los demás, sin medir las consecuencias, y que, de seguro, contarán con cómplices que les rían las gracias o les ‘cubran’ para evitar que paguen las consecuencias. La policía no puede estar en todas partes y siempre. Para estos casos, lo único que puede funcionar es la conciencia ciudadana de las mayorías, que cualquier vecino que observe algo irregular avise a la policía municipal, cuya intervención suele ser rapidísima y ejemplar. Cualquier persona de bien que tenga noticias o sospechas sobre los autores de estas gamberradas deben, por responsabilidad, trasladarlas a quienes pueden tomar medidas.

     
    La cobardía de iniciar un fuego sin medir consecuencias, de dañar el mobiliario público, de romper farolas y bancos, hacer pintadas impropias, dañar monumentos, quebrar cristales…, no puede tener la tolerancia, ni la indiferencia, de los vecinos. No se puede consentir que unos desalmados, sin más objetivo que la diversión, se ensañen con el patrimonio común, o privado, destruyendo o maltratando lo que está al servicio de todos los habitantes de la ciudad. Porque, al final, la imagen que damos a quien nos observe desde fuera es que todos somos cafres, descerebrados, delincuentes e insolidarios.

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    Deberíamos comportarnos todos como verdaderos defensores de nuestro patrimonio común, de nuestra ciudad, de nuestra cultura, de nuestra imagen al exterior… Denunciemos, avisemos, persigamos todo lo necesario para que canalladas -que es verdadero nombre que habría que dar a estas gamberradas- encuentren el justo castigo, evitando la proliferación de las mismas. Los padres deberemos vigilar a nuestros hijos, los vecinos avisar de las irregularidades que observen, los ciudadanos todos denunciar ante las autoridades competentes los ataques a la ciudad y su mobiliario…
    No podemos tolerar que unos pocos, por conseguir ‘un gusto pequeño’, den lugar a un ‘daño grande’ a una mayoría. ¡Menuda Historia!

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