No queremos ni Werte

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  • Con el teórico pretexto de la competitividad y el argumento del fracaso escolar, el Partido Popular pretende imponernos en el sistema educativo como asignatura los dogmas del nacional catolicismo que nos recuerda la exposición que se exhibe en la sala de los franciscanos.
    No les basta a los militantes del Opus, como el señor Wert, con tener su red privada de centros religiosos, contraria al artículo 27 de la Constitución, que declara que la educación ha de ser racional, no les gusta que haya una Educación Ciudadana que defienda los valores democráticos, no quieren perder su privilegio de adoctrinar a la élite como vienen haciendo desde que ganaron una gerra genocida. Reclaman el Concordato con la Santa Sede, su aliada en la Cruzada del 36, que el gobierno de Felipe González de 1982, con sus 202 diputados, no se atrevió a derogar.
    Volvemos así a los tiempos de la dictadura del partido único del Gobierno. Cuya representatividad está sociológicamente por debajo de un tercio del electorado. Y, aunque tenga en contra a la marea verde que defiende una enseñanza pública de calidad.

     
    En octubre y en Sevilla, cerca de tres mil destacados profesionales universitarios explicaron por qué la llamada Ley Wert suscita tanto rechazo: crea desigualdad y malestar, es revanchista, toma partido por la enseñanza confesional, prima lo cuantitativo frente a lo cualitativo, no resuelve el fracaso, es segregadora y discriminatoria, elimina el carácter compensatorio y comprensivo de la educación, justifica un empobrecedor ajuste, niega la autonomía de los centros, impone el control autoritario del centralismo.
    En su manifiesto defienden el desarrollo personalizado y solidario, la evaluación cualitativa de destrezas, la atención a la diversidad, un mayor esfuerzo económico y compromiso, una mejor participación del profesorado con directivos de liderazgo compartido y una actitud cooperativa de las familias y comunidades.

     
    Volvemos así a las trincheras ideológicas, que refuerzan las barreras y obstrucción a lo que quiso ser la Logse, un tímido intento de los gobiernos socialistas por el cambio democrático, con pactos y consenso. Esperamos que esa Ley Wert quede abortada por la historia, los recursos de anticonstitucionalidad y el inminente cambio de ministro, dado el unánime rechazo que suscita ese español españolizador de origen holandés que nos quiere españolizar con el monopolio de su patria, su dios y su rey.

  • Alfonso Gil Mantecas

    -Educador jubilado tras 40 años de servicio en la escuela pública-.

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