Los escolares, con Amivel

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  • En el mismo patio y con el mismo sol, he visto emocionarse a personas relevantes del mundo de la cultura: Manuel Alcántara, con sus versos y su lúcida humanidad; Evaristo Guerra, con sus pinceles y su arcoíris de color a cuestas; Jaime Pimentel, con su Noctiluca irradiando luz de luna. Un poeta, un pintor, un escultor… El CEIP ‘Custodio Puga’ de Torre del Mar se vestía de largo para rendirles merecidos y cálidos homenajes.
    Esta vez, el colegio abría sus puertas a un colectivo admirable que trabaja para ayudar a personas que padecen minusvalías. El patio soleado se convertía en un particular estadio olímpico para rendir homenaje a la asociación AMIVEL. Desde las aulas, los alumnos de Infantil salían cogidos de la mano, con sus camisetas, sus gorras y sus globos de colores, desfilando y formando, al compás de la música, los aros olímpicos. Salían andando, moviendo sus piernas, y, agitando los globos de colores con sus brazos, pasaban delante de unas personas que se emocionaban sentadas en sus sillas de ruedas. Algo tan normal como andar o mover los brazos, se convierte para algunos en un sueño imposible. A veces, no nos damos cuenta de lo duro que tiene que ser depender de unas ruedas para todo: ir al cine, a la compra, a pasear, al baño… Sin embargo, estas personas se crecen ante la adversidad y nos dan cada día un hermoso ejemplo de superación. Recuerdo una tarde de feria, en plena calle Larios, en que me llamó la atención un grupo de gente que rodeaba y jaleaba con palmas a alguien que bailaba. Me acerqué hasta ellos y lo que vi me dejó sin palabras: una chica joven, guapísima, bailaba sevillanas sentada en su silla de ruedas. Ella bailaba moviendo su si­lla y sonreía, y nos daba una impresionante lección de vida; yo, mientras tanto, con los zapatos en la mano me quejaba porque me dolían los pies…
    Los escolares se han metido en la piel de estas personas que tienen alguna minusvalía y han aprendido a valorar su esfuerzo y su afán de alcanzar metas. Los niños se han sentado, como ellos, en esas ‘piernas de goma’ que les llevan, obedientes, a todas partes, y han sentido sus dificultades, los problemas y las barreras que les rodean.
    Con globos y camisetas de colores, el entusiasmo infantil rindió un entrañable y emotivo homenaje a AMIVEL en unas ‘miniolimpiadas paralímpicas’ con alegres  coreografías que imitaban los deportes donde compiten estos atletas admirables. La música, el co­lor y la espontaneidad, coreando sin ce­­­­­sar el nombre de AMIVEL.
    Invitados al acto, Evaristo Guerra y Jaime Pimentel observaban emocionados a los niños. Uno pinta, otro esculpe. Los dos crean belleza utilizando sus manos. Ellos acercaron su creatividad a los niños y el colegio se embelleció con su arte. AMIVEL ha llenado el ‘Custodio Puga’ de otra forma de belleza, más difícil, menos luminosa, pero que tiene el intenso color de la esperanza. Los niños han aprendido con ellos, y de ellos, lo difícil que resulta, a veces, llegar a donde otros llegan tan fácilmente.  Admirable el trabajo de profesores, padres y alumnos, que han conseguido hacer de este homenaje un ejemplo de solidaridad.
    Me emocionaron los niños bailando con su bracito escondido en la espalda; me emocionaron las miradas de esas personas que aplaudían sin poder ponerse de pie… Y con la sensibilidad herida me volví a casa andando, pensando, pisando fuerte el asfalto con esos zapatos nuevos que son tan incómodos. Pero esta vez no me quejé. Ni siquiera noté que me dolían los pies.

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