La fantasía de Hidalgo

  • La fantasía es propia de los niños, de los filósofos y de los artistas; si bien hay que reconocer que de unos más que de otros. Y es propia de los artistas de cualquier disciplina, de cualquier rama del arte; pero también hay que reconocer, igualmente, que de unos más que de otros. La fantasía es un distintivo de los creadores, de los inventores, de los seres singulares. Tan cercana a los niños, tan pródiga en los genios, tan abundante en los humanos distintos, es remisa, sin embargo, a manifestarse en los ramplones reproductores de un arte caduco, sin inspiración y sin futuro. La fantasía es un regalo, un tesoro de minorías puras, un secreto a voces de aquellos que saben conservar la virginidad del arte, la creación como bandera estética interior y exterior, en el continente y en el contenido.

     
    Antonio Hidalgo es un pintor con fantasía, que ama la fantasía y que la practica, que la adora, la cuida, la venera, y la potencia. Treinta exposiciones individuales, un centenar de colectivas, una docena de premios, su arte referenciado en veinticinco libros, etc., etc. Antonio Hidalgo no es un principiante, sino un pintor consagrado. Y, sin embargo, sigue ligado a la fantasía como su arma y su fe primera. Para unos, Antonio Hidalgo es el pintor de los monstruitos, el de los muñecos, el de las sorpresas… Para otros es el virtuoso de los ambientes, de los colores, de la naturaleza soñada… “Antonio Hidalgo es un escritor que pinta, que, con sus cuadros, cuenta cosas -como dice Mª Teresa Sánchez, directora del Museo de La Rioja- y no cosas cualesquiera, sino sus cosas, las de sus amores, las de sus sueños, las de sus gentes, sus pensamientos, sus verdades y sus esperanzas”.
    Este año, al artista veleño Antonio Hidalgo la primavera le ha llegado estando en Torre del Mar. Desde hace un mes, en la Galería de Arte María Soto, el pintor de la fantasía está abierto a las visitas, a la contemplación, al deguste… Y lo hace mostrándose con la sinceridad histórica y el sentido del humor que le caracteriza, y con la humildad y la grandeza del artista que no esconde nada. Meninas por el campo, o por la playa, carritos de chuches, o de juguetes, las motos por el monte, los caballitos por la playa…

     
    Hace muchos años que Antonio Hidalgo no tie­ne necesidad de firmar sus cuadros. Cualquier experto, e, in­­­­cluso, muchos amantes de la pintura, que no son expertos, re­conocen de inmediato la obra de este artista singular capaz de crear ambientes mágicos plagados de recursos imperecederos, tales como la ternura, el humor, la vitalidad…, salpicados de una exuberante fantasía que se plasma a través de sorprendentes técnicas realistas. Alguien que no conozca las claves de la pintura de Antonio Hidalgo no se creería que este pintor es capaz de representar, por ejemplo, a los personajes de La fragua de Vulcano friendo hue­vos, en medio del campo, en una hornilla de bu­tano, con una sartén de tefal y en presencia de tres plátanos gigantes… Y es que, además, este artista inconfundible se lo pasa muy bien pintando.
    Hay cuadros de Antonio Hidalgo repartidos por toda la geografía nacional y en diversas colecciones europeas. Rafael Alberti, por ejemplo,  tenía uno de él, que guardaba como uno de sus tesoros…

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    Todavía queda tiempo para asistir a la exposición de Antonio Hidalgo en la funcional y afortunada galería torreña de la calle Antonio Machado. Todavía es posible, en vivo y en directo, contemplar una muestra distinta, con pinturas y esculturas sorprendentes que nos harán vivir una experiencia de fantasía. Una gran menina nos recibirá a las puertas. Si nos atrevemos a hacerlo, podremos vivir una experiencia difícil de olvidar, y, con toda seguridad, y se acordarán de lo que les digo, me agradecerán el consejo.
    ¡Menuda Historia!

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