El antioxidante

  • Resulta difícil pensar en una salida digna de la crisis por parte de este país, si la gente que lo go­bierna en sus distintos estamentos  no deja de pensar en ideas que siempre terminen hundiendo a los mismos. Que so­mos nosotros, claro.
    Volviendo a casa tras echar la ma­ñana, escucho en una cadena muy importante de radio española, cuyo nombre es un infinitivo de tres letras, la última ocurrencia de la Consejería de Empleo de Madrid. Se trata de un plan que han llamado “de colaboración”. Les resumo un po­co, que les va a encantar: si us­ted está parado, el Ayuntamiento del pueblo puede llamarle para trabajar durante seis meses a razón de hasta ocho horas diarias -lo que viene sien­do un curro-, y no le pagan un duro. Porque son trabajos sociales y usted está colaborando.
    Resulta que si, por cualquier razón, a usted no le gusta el plan -cosa incomprensible por otra parte, ¿quién no quiere currar por la patilla de 8 a 4?- podría perder la prestación por desempleo. Pero si dice que sí ‘voluntariamente’, tendrá la sa­­­­­­­tisfacción de “no oxidarse mientras cobra el paro”. Bien. Veamos.

     
    Esto hay que digerirlo bien y por partes, porque se nos puede formar un emplasto en el estómago que termine estallando en rabia incontenible. Para empezar, subyace en todo esto la concepción de que los que cobran el paro están poco menos que robándonos a todos. No. Falso. Mentira pelá, que diría cualquier abuela de por aquí. El desempleo es una prestación que se obtiene en base a lo trabajado y cotizado anteriormen­te. Luego es algo que per­­tenece por derecho al currante de a pie. No un atraco a las arcas del Esta­do. Después es­­tá lo de los ayun­­tamientos: plantear EREs a po­­rrillo y cubrir esos puestos con pa­rados sin poner ni un chavo. La ver­dad es que co­mo negocio tiene su gracia.

     
    Obviamente, todavía no ha entrado en vigor. Los sindicatos -sí, existen- ya han anunciado que lo van a recurrir a to­das las instancias posibles. Pe­ro lo más chungo de todo es­to es que el plan se les ha ocurrido a quienes deberían estar buscando una salida para esta situación. No se trata de buscar trabajo gratis a cambio del dinero que me pertenece, si­no de que construyan ustedes las estructuras necesarias para que vuelvan a crearse empleos.
    Y eso no se consigue a base de hundir más al que menos tiene, sino de facilitarle las oportunidades.
    Cosa que no he visto todavía en cinco años de crisis.

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