La solución Aznar

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  • El presi, el de verdad, está de vuelta. No nos referimos a su imitación barata, ese de las barbas que no tiene ni idea. Estamos hablando de Jose Mari, el del bigotillo y el pelazo al viento. El que puso a España en su sitio y la llenó de un progreso que todavía hoy nos está saliendo por las orejas. En su entrevista del martes dejó una serie de perlas de lo más variopintas. Dio un discurso muy de su segunda legislatura. Cuando a principios de la pasada década, parecía que nuestro país era un milagro imparable cuya factura estamos pagando ahora.
    Ánsar, que diría el otro, sigue anclado en la misma cantinela de bajar impuestos -igual lo que habría que hacer es evitar que las grandes fortunas los eviten con tan­ta facilidad-, y ojo porque amenaza con volver. “Yo nunca eludo mi responsabilidad”, dice categórico. Bueno, no sé, igual si vamos a Galicia y preguntamos a los afectados del Prestige la respuesta es distinta.

     

    Pero lo más sorprendente de todo es el ensañamiento con el ahora presidente, Mariano Rajoy. Un despelleje cruel que, viniendo de un pobre ciudadano recortado hasta la saciedad, podría entenderse, pero no del hombre que precisamente lo eligió a dedo y sin pasar por unas elecciones primarias. Un ataque ante el que su propio partido se ha quedado con la boca abierta. Especialmente llamativo lo de Borja Semper, portavoz del PP vasco, al decir que Zapatero “se confirma como el mejor ex presidente del Gobierno”. Lo cierto es que es el único que todavía no ha dicho ninguna barbaridad importante, aunque bastantes dijo mientras detentaba el poder.

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    Sinceramente, la entrevista a Aznar -aparte de no llevar preguntas incómodas y sí mucha cancha para que se desahogase a gusto-, ha hecho flaco favor a su propio partido. Y no digamos a esa parte del país que todavía siente escalofríos cuando recuerda el acento tejano y los pies en la mesa. Ese “estamous trabajando en ellou” mientras se fumaba el puro. La mentira consciente de las armas de destrucción masiva. La dejación de funciones mientras Galicia se teñía de negro. O aquella Ley de Suelo salvaje, neoliberal hasta el extremo, que propició una especie de tonto el último e hizo de toda la costa española un amasijo de cemento que acabó con su esencia y atractivo. No, Jose Mari. La solución no es la vuelta de los dinosaurios. Es, antes al contrario, la evolución hacia una política distinta. Y, sobre todo, más centrada en el ciudadano.
    Lo que todavía no ha ocurrido jamás en este país.

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