Veleños del Siglo XX… Pepe Bustillo

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  • BustilloEn todas las sociedades humanas, de la tribu a la ciudad, en algún momento de su proceso evolutivo los antropólogos encuentran vestigios humanos o materiales que por su singularidad, precipitaron cambios novedosos en las costumbres del lugar. Este es el caso del gaditano José Bustillo Carrillo, cuando con su llegada a estos lares formó el taco en aquel Vélez de 1964. Un Vélez que entonces se debatía, espoleado por el turismo costasoleño, entre la sociedad rural que era y la urbana que le pedía paso saltándose todos los semáforos. Que recuerde, solo estaban los talleres mecánicos para el campo, de Álvarez Moncayo o los hermanos Domínguez, el metalúrgico de los hijos de Díaz Montenegro o el del ‘Rubio y Pacheco’ para la mecánica de los camiones. De la mecánica del automóvil, Pepe la Chica y poco más, salvo aquella que empezaba a hacer sus pinitos, todavía a rebufo de los conocimientos y los modos propios de la agrícola. Vamos, que de los usos europeos del automóvil aquí no teníamos ni repajolera idea. Y en estas, llegó un gaditano del Puerto (cuando abrió el instituto RR.CC), sandunguero y ocurrente, que en menos que canta un gallo se granjeó la simpatía y el afecto del todo Vélez de la época, que lo acogió de inmediato, y pa los restos, como un veleño más. Era el tiempo del boom de la peña de ‘los pelaos’, o de Rafael Mesa (una escisión de la carmelitana de ‘los señoritos’), donde Pepe, más allá de su pronta popularidad, empezó a hacer amigos de los que no se olvidan: Alfonso Álvarez, Antonio Heredia, Enrique Sarmiento, ‘Tete’ Peláez, Pepe Luis Ramos, ‘Quico’ Guerra, Juan ‘Trade’, Pedro Aljama, …y sus respectivas novias: Mari de Pepe, ‘Fina’ de Enrique, Carmen del Tete, Maruja de Pepe Luis, Isabelita de Quico, Carmen de Juan, Mari de Pedro,… (los dos primeros estaban libres, por el momento, tras lo de las torreñas); él con su Ducati 24L, Antonio, Pedro, Quico con sus Vespa’s, el Trade con su Montesa, el Tete con su Osa.De todo esto tuvo la culpa la Semana Santa malagueña del 64, por donde aparecen Pepe y su Mari, cuando se tropezaron con un anuncio que decía, “Se necesita socio industrial para garaje nueva planta en Vélez-Málaga”, y un teléfono que resultó ser de la Gestoría Lavao (calle Larios, 4).

     

     

  • «…Pepe se saltaba sin despeinarse con su límpida bata blanca de moderno jefe de taller»

    A través de la que llegaron hasta al origen del anuncio, el veleño Salvador Cabello Núñez, con el que, previo acuerdo, comparte la primera fase de su aventura profesional en Vélez-Málaga; que Pepe ya entendió también, avant la lettre, como el municipio motor de una comarca, desde donde podría desplegar sus dotes de vendedor nato, por entre tantos pueblos. Nada más que entrar, desde abajo, en la acera izquierda de la calle del Río, se encontraba el centro de operaciones que el tándem Salvador Cabello & Pepe Bustillo lanzaba en Vélez con la ambición de comerse el mercado del automóvil como pioneros concesionarios de la marca Renault. Calle aún sin asfaltar, que con cuatro gotas se convertía en un barrizal, pero que nuestro Pepe se saltaba sin despeinarse con su límpida bata blanca de moderno jefe de taller. Y aquí empieza el revuelo, cuando un Vélez de monos oscuros y grasientos (cuanto más sucio, mejor mecánico), descubre de la noche a la mañana, sin previo aviso, que un tipo de Cádiz aparecía por su taller mandando y con bata blanca. Aquello era demasiado. Una revolución, en suma, sin sangre ni aspavientos. La mecánica urbana le había ganado definitivamente el pulso a la campesina, imponiendo sus modernistas usos y costumbres, confirmándose como ‘normal’, desde entonces, lo que en un instante se nos representó como ‘excepcional’. La anécdota del asunto está en que no eran caprichos “de un señorito del Puerto”, sino norma de la marca.

     

    En el parque móvil de aquellos años, sólo había 5 Renault en Vélez, de cuyos propietarios Pepe se acuerda perfectamente: Leonardo, don Jesús Flores, Miguel López, Paco Herrera (el de la fábrica de tejidos) y el madrileño Urbán (socio de Molina). Los mismos que un astuto Pepe entendió como los ‘punta de lanza’ de su estrategia para sembrar con sus coches aquel Vélez que (a pesar de la Voz de la Parroquia) todavía funcionaba con el ‘boca a boca’, extremando la atención con sus respectivos coches para que sus dueños propagaran el buen hacer del concesionario. El éxito le pedía independencia, por lo que en el 78 abre con la misma marca su propio concesionario en Nerja. Pero le tiraba Vélez, donde continuaba viviendo, y aquí volvió para quedarse definitivamente, en el 80 con la Ford, que lo eligió (a propuesta de Diego Díaz) como concesionario de sus coches para La Axarquía. De aquellos ennoviados semanasanteros del 64, casados en aquel mismo año, nacieron 5 veleños, José Manuel, Fernando, Gonzalo, Mari y Alejandro.     
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    Ya publicados: Domingo Heredia / Enrique Atencia / Aurelio Anglada / Salva Valdés / Manolo Berenguer.

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