La verdadera marca ‘España’

  • A estas alturas, que cualquier po­­lítico a escala nacional -pon­gan el partido que quieran, al ca­­so es lo mismo- hable de la mar­ca ‘España’ como algo a pro­teger, produce una risilla flo­ja, un respingo desconcertado y desconcertante. La sensación de que nos están tomando por tontos en nuestra propia cara.

     

    O sea, que me están ustedes ha­blando de salvaguardar la mar­ca ‘España’. Esa imagen que, se supone, vendemos de nuestro país para que desde fuera nos vean como gente se­ria. Por lo pronto, entre los alemanes no funciona. Nos ven co­mo corruptos, vagos y débiles. Lo cierto es que, bien mirado, tal vez la impresión que se quiere ofrecer desde las esferas políticas e incluso judiciales del país sea esa y no otra. Porque nos encontramos con un montón de decisiones inconsistentes, imputaciones que se retiran si se trata de una infanta que en­cubre –presuntamente- a su ma­rido, penas risibles a cantantes por blanqueo de ca­pitales, etc.  

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    Luego está lo de corruptos. Bue­no, no sé, igual hace falta que les detalle algún caso más. Aunque no, creo que a estas al­turas ya no es necesario. Lo que no se tolera, no señor, es lo de vagos. El estereotipo perpetuado por los alemanes del español con su montera, fiestero, derrochador y poco amigo del currelo. Cuando realmente trabajamos más horas y tenemos me­nos vacaciones que ellos. Tal vez por eso producimos menos, quién sabe. Pero claro, la tendencia actual es, como defendía el insigne Díaz Ferrán -el que presidía la CEOE y luego lo trincaron chanchulleando con Marsans-, trabajar más y cobrar menos. Y no se me queje, mu­chacho, que tengo cincuenta es­perando en la puerta.

     

    Esa es la marca que nuestros líderes quieren defender a muerte, y muerta es precisamente como está. Muer­ta a base de las puñaladas de quienes se llenan la boca con ella y la acribillan por la espalda. Pero hay otra. Está la marca del español y la española medios que están aguantando esta crisis con una entereza estoica. Con dignidad. Con el afán de hacer lo que sea para sacar su casa, su familia, su vida adelante. Los que ha­cen que 500 euros se estiren hasta límites insospechados pa­ra pasar el fatídico día 30 de ca­da mes. Esos millones de personas, algunos parados, otros currando, y otros buscándose la vida, que consiguen que este país no se haya ido ya al mismísimo carajo. Todos los conocemos y conviven a diario con no­sotros. Ahí está la verdadera marca ‘España’. La de unos ciudadanos que dan mil vueltas a la clase que los dirige. 

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