El barco

  • Mi amigo Eduardo Pardo, experto en temas económicos – aunque su profesión es la de médico estomatólogo – insiste en que la gravedad de la situación que estamos pasando en nuestro país es achacable a la triste ineficacia y manifiesta incapacidad de gran parte de la clase política. Y la verdad es que vivimos “tempus horribilis” en los que al paro, los recortes, la pérdida de expectativas, la desilusión, el deterioro de las prestaciones, la desesperanza, la desconfianza y la tardanza en las soluciones, han transmutado nuestros ánimos, y entre “primas de riesgo”, que nos han tenido embelesados, la bolsa, que nos ha tenido mosqueados, y la falta de crédito en los bancos, que continúa sin aflorar por ningún sitio, cabe afirmar que nos han tocado vivir unos años difíciles de olvidar. Con toda probabilidad no retornaremos al tiempo próximo pasado en el que se llegó, en algunos casos, a atar los perros con longaniza. Y es que, si no ocurre un milagro, nos vemos advocados, con bastantes visos de probabilidad, a dar la razón a Jorge Manrique cuando escribía el famoso poema de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”…
    Las incapacidades de respuestas de la ciudadanía de a pié ante las hipotecas, y sus pagos; las demandas de trabajo, y los despidos; la imposibilidad creciente de atajar el paro juvenil, etc, etc, han agudizado la sensibilidad popular y, al día de hoy, los apoyos mayoritarios del partido en el gobierno, se debilitan por momentos. Los movimientos ciudadanos, el 15 M, la plataforma contra los desahucios, y tantos otros integrantes de las cofradías del descontento, insisten con slogans tales como “no hay pan para tanto chorizo”, “me falta mes para este sueldo”, etc. etc.

    Es verdad que estamos viviendo tiempos difíciles. Hacemos memoria y desde la “crisis del petróleo”, en los años setenta del siglo pasado, no recordamos otra parecida. Se han sumado muchas cosas, desde el desajuste de la economía americana hasta las imprevisiones o improvisaciones de los países de la Unión Europea. De cualquier modo el “caso” español se ha visto tocado por la famosa burbuja inmobiliaria, que a todos se nos antojaba “estallable”. Y para colmo la crisis financiera que, a resultas de la anterior, nos ha sumido en la mayor de las confusiones.
    Al 2013 todo el mundo le ve con desconfianza. No hay seguridad de que las medidas que se han llevado, y se están llevando a cabo en estos momentos por el estado español, resulten suficientes para calmar al ogro de los mercados y la terrible losa de los cinco millones de parados, ya casi seis, lo que ha puesto a nuestro país en el punto de mira del mundo. Y es que las desgracias nunca vienen solas.

    ¿Y qué podemos hacer? ¿Es la crisis tan grave como se está contando? ¿Hay salida cercana? ¿Qué pasa con “los eurobonos”, la intervención del banco central europeo, las políticas de reactivación económica…? Nos encontramos en una situación parecida a la de un barco, en el que un grupo de tripulantes se encuentran afanados, extenuados, echando carbón a las calderas… ¿A dónde va el barco? – les preguntamos – a lo que contestan con un significativo “¡No lo sé, no me da tiempo, estoy echando carbón!… La verdad es que tenemos la sensación de que no hay nada más desafortunado, inapropiado, o incluso estúpido, que lanzarse con la mayor eficacia en la dirección equivocada, o sin dirección prefijada y certera. Confiemos en el dicho popular de que “no hay mal que cien años dure” y de que la cosa tendrá que ir a mejor, porque ponerse peor ya no parece posible. ¡Menuda Historia!

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