Sucesos

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  • Cada vez que pongo un informativo me horroriza más. Todavía tengo grabado el primero del año. Que si 60 muertos en una fiesta de Nochevieja no sé dónde, que si un par de fallecidos por las carreteras, que si un herido por arma blanca, que si un intento de violencia de género… Los titulares de los informativos chorrean de sangre. Estudié en la Facultad de Periodismo que el origen del periodismo de sucesos estaba en el semanario ‘El Caso’ (1952). Pionero en el periodismo de investigación en nuestro país, fundado por Eugenio Suárez, contaba las historias más sangrientas de la España de la época. Ahora, en esta era digital nos desayunamos el café con muertos; la tapa con niños desnutridos y oímos a media tarde cualquier canción ‘relax’ con bombas de fondo. Cuando llega la noche, nos sabemos las heridas del día de carreterilla. Eso sí, pocas cosas nos quitan ya el sueño. Estamos insensibilizados.

    Precisamente, veía hace unas semanas una serie de TVE sobre el asesinato de Carrero Blanco. Ya vemos volar el coche del almirante por los aires como una lluvia de cohetes de colores. Ni tan siquiera nos acordamos ya de cómo aquella España lloró unida y se echó a la calle por Miguel Ángel Blanco. Ahora, hablamos con una naturalidad estrepitosa y espeluznante de muertos, de sangre, de heridas, de dolor, suicidios… Ahora, comemos jamón de pata negra mientras nos cuentan que un hombre se ha achicharrado él mismo, con sus propias manos, en las puertas de un hospital. Ha sucedido aquí al ladito, a menos de 30 kilómetros, en Málaga. Ayer, pasó lo mismo aquí en Caleta de Vélez. Algunos se tiraron por el balcón, ahora, otros se queman vivos. Y ahora, los muertos se velan y se lloran por Facebook.

    A mí, que me lleven a la hoguera.
     

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