El Energúmeno

  • No siempre la historia local nos da buenas noticias. A veces nos ofrece informaciones sorprendentes, poco edificantes, dignas de un repertorio curioso e intrigante, merecedor de engrosar un posible “libro negro”. Una de éstas historias es el caso que le vamos a relatar, y que, sin duda, les interesará, por insólito y descarado.
    A finales del siglo XVI – año del Señor de 1587 – nació en Vélez-Málaga un curioso personaje llamado Juan del Espino, del que no se ha hecho nunca eco la historiografía local de nuestra tierra. Era hijo de un jinete del ejército de la costa del reino de Granada, casado con una portuguesa. En 1609, cuando contaba veintidós años de edad, fue llamado inesperadamente por los caminos de Dios, en una vocación tardía, entrando a formar parte de la Orden del Carmelo.
    Desde el principio de su vida religiosa, comenzó a apuntar maneras nada usuales. En un breve espacio de tiempo se fugó hasta tres veces de su convento, por razones que desconocemos. Las mismas tres veces que fue hecho preso y restituido a la disciplina conventual. Con solo ese dato ya es fácil suponer que la factura del personaje que nos ocupa era poco común. A la postre, y como cabía esperar por sus comienzos, fue expulsado de la Orden, siendo el motivo final el haber descalabrado a su propio prior en una disputa.
    Por aquel entonces, un renombrado jesuita, el padre Juan Bautista Poza, publicó unos escritos en los que defendía la tesis de que los expulsados de las religiones no podían administrar los sacramentos. Ello encolerizó al veleño, hasta tal punto que se singularizó por su animadversión contra el dicho jesuita, primero, y contra toda la Compañía de Jesús, después. No solo no se contentó con impugnar las tesis de Poza – que dieron lugar, también sorprendentemente, a que el jesuita fuese expulsado – sino que, en 1633, divulgó un libelo apasionado contra la Compañía bajo el título “Secretos y particulares avisos que han de guardar los de la Compañía de Jesús”, que levantó muchas ampollas. Poco tiempo después insistió nuevamente en su ataque con otra publicación punzante, en esta ocasión titulada “Singulares y secretas admoniciones para particulares personas de nuestra Compañía, traducidas del latín en romance”.

    A causa de tales escritos, calificados de escandalosos por las autoridades eclesiásticas, fue hecho preso por la Inquisición de Toledo, en febrero de 1634, y, cuatro años más tarde, en abril de 1638, trasladado a la cárcel del Hospital de Santiago, de la misma ciudad. Desconocemos como obtuvo la libertad nuestro personaje; pero lo cierto es que, en 1643, cuando contaba cincuenta y seis años de edad, aparece retirado del mundanal ruido en el pueblo axárquico de Benamargosa, donde, según nuestras noticias, “tenía cuatro hermanas doncellas huérfanas…”
    La verdad es que el “descanso” no le duró mucho y, al poco, vuelve a las andadas. En esta nueva ocasión arremete, además de contra los jesuitas, contra los mercedarios de Málaga, motivo por el cual es nuevamente apresado, en esta ocasión en la cárcel arzobispal de Granada, donde lo detectamos en el mes de septiembre del mismo 1643. Por aquel entonces, sus adversarios, que tampoco eran mancos, escribieron e imprimieron contra él un curioso folleto titulado “Mahoma en Granada: diálogo entre Inocencio Revulgo y Bartolomé Escarba-Zorreras, el manchego, y Thomé Hinchado, su vecino. Contiene la vida del doctor Juan del Espino.” Cosa que, como resulta fácil suponer, no hizo gracia alguna al de la Axarquía
    La última fecha de la que tenemos noticias sobre el singular personaje es el año de 1644, en que, casi sesentón, continuaba encarcelado en la vieja ciudad nazarí.
    Hasta “quince veces” – confesaba él mismo – llegó a estar preso en las distintas inquisiciones de toda España, record, a no dudar, entre los individuos de sus curiosas hechuras a los que nos ha alcanzado a tener noticias.
    Hoy, en el siglo XXI, a tenor de las noticias que conocemos de él hasta el momento, es verdad que existen dudas razonables para poner en entredicho la salud mental de aquel veleño, el primero de esta tierra, que sepamos, que fue calificado de “energúmeno” por sus contemporáneos. (Para lectores no avisados: Energúmeno se dice de una persona endemoniada, o persona frenética, furiosa.) ¡Menuda Historia!
     

  • DEJA UNA RESPUESTA

    ¡Comenta!
    Introduce tu nombre

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.