Un siglo desgraciado

  • El siglo XIX fue un siglo desgraciado para Vélez-Málaga. De hecho lo fue para toda España. La mortalidad catastrófica, las veleidades políticas y los proble¬mas heredados, van a confluir en situaciones de difícil solución. Epidemias, plagas y terremotos, amén de otras catástrofes de menor cuantía, van a unirse a dos hechos de la más alta significación y consecuencias para nuestra historia en el primer tercio del siglo: la Invasión Francesa y Guerra de la Independencia, y el nefasto reinado del “corazón de tigre y cabeza de mula” – como fuese llamado por su propia madre – Fernando VII.
    En Vélez-Málaga, en 1800, nada hacía suponer lo que se nos venía encima. En el mes de septiembre visita la ciudad el príncipe Moisés Avechí, señor de la ciudad de Fenicia en el Líbano, destronado por el bajá turco de San Juan de Acre, que, con permiso del monarca español Carlos IV, venía pidiendo ayuda económica de los pueblos cristianos para rescatar su reino. Según nos cuenta el historiador local don Agustín Moreno, cuando, el 19 de octubre, el referido príncipe se marcha de aquí, “una buena suma” le acompaña como dádivas de los veleños. Los tiempos que corrían hacían posible la generosidad en aquel momento. Poco hacía suponer entonces el cúmulo de desgracias que la fortuna tenía reservada a esta tierra para el siglo recién inaugurado.
    Hace dieciséis años, en 1996, publicamos un libro, hoy agotado, titulado “Las desgracias del siglo XIX en Vélez-Málaga”, que relataba los principales males que acaecieron a la capital de la Axarquía en el siglo aludido, centrándonos, especialmente,¬ en las calamidades más específicas de nuestra zona, y eludiendo las de alcance nacional. En aquella ocasión nos detuvimos en las epidemias de fiebre amarilla que reinaron en el primer tercio del siglo, las de cólera-morbo que causó estragos, intermi¬tente¬mente, hasta mediados de los años ochenta, la gran crisis económica que ocasionó la plaga de la filoxera, destructora de los viñedos, y los terremotos sufridos por las provincias de Málaga y Granada en los últimos días de 1884 y primeros meses de 1885. Pero, además, ocurrieron otras cosas muy significativas, como, por ejemplo, que una partida de bandoleros – los bandoleros de la Axarquía – atemorizaran, en la década de los ochenta, a quienes cruzaban los caminos andaluces, y Vélez-Málaga se hace famoso en toda la prensa nacional porque un cura veleño – el Rvdo. Cayetano Galeote y Cotilla – mataba a tiros al mismísimo obispo de Madrid en plena procesión del Domingo de Ramos…
    El siglo no pudo empezar peor. Una epidemia de fiebre amarilla, en 1804, acaba con casi el 50% de los veleños. Esta epidemia significó, tanto por su exten¬sión como por su virulencia, una de las más dramáticas catástrofes ocurridas en la Andalucía contemporánea, y, sin duda, la mayor desgracia acaecida en todos los tiempos a Vélez-Málaga. Desde mediados de agosto a finales de noviembre murieron más de cuatro mil personas, “muchos cadáveres – nos dicen las actas capitulares – fueron pastos de perros y buitres y la mitad de las casas quedaron cerradas.”
    Pasado el medio siglo, una plaga inesperada – “la plaga de la filoxera” – acaba con la principal fuente de riqueza de la Axarquía: la vid. Las consecuencias de esta catástrofe fueron dramáticas. Un contemporáneo, y veleño, don Manuel González Herrera, en su libro “Mis Memorias” (San Javier, Provincia de Santa Fe, Argentina, 1944) nos cuenta lo siguiente: “…Debido a la epidemia propalada por estos devastadores insectos, la provincia de Málaga experimentó un retroceso económico de asombrosas proporciones, puesto que su principal comercio de exportación al exterior consistente en pasas y vino, sufrió un colapso mayúsculo, por su casi forzosa y repentina paralización.”
    Y casi terminando el siglo, en la navidad de 1884, el Terremoto de Andalucía atacó en modo muy especial a Vélez-Málaga, con centenares de viviendas destruidas y un empobrecimiento general, añadido al de la plaga de la filoxera.
    Pero hubo muchas más desgracias que podríamos enumerar durante este siglo olvidable, entre las que cabría recordar: destitución y muerte del corregidor (1808), la invasión francesa (1810), epidemias de cólera morbo (1834, 1855 y 1885), sequías (1837), caída de rayo (1854), incendio (1856), (viruela (1880), inundaciones (1881 y 1882), escorbuto (1887), helada (1895), etc., etc., etc.
    Así, ante tanta desgracia, no es de extrañar que el alcalde veleño, citara a la banda de música veleña, en la Plaza del Carmen, la última noche del siglo – aquel 31 de diciembre de 1899 – ordenándole rematarlo con alegría. La banda interpretó un pasodoble cuyo título sobrepasa toda elocuencia: “La Gracia de Dios”. Algunos veleños, tirando de humor andaluz, dijeron que, lo del siglo que terminaba, no era por “la gracia de Dios”, sino porque “Dios había sido un gracioso”. ¡Menuda Historia!
     

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