Bajo la lluvia de otoño

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  • Siempre he pensado que Vélez es un pueblo que se interesa por la cultura. Teatro, música, conferencias, exposiciones de pintura o escultura, bailes, certámenes literarios, presentaciones de libros, poesía… En cualquier momento tendremos a nuestro alcance algo interesante para ver o para oír que nos deje un agradable recuerdo, y que nos invite a volver. Son momentos para disfrutar, momentos que nos llenan los ojos y los oídos de belleza, y el espíritu de paz.
    Este verano hemos visitado hermosos rincones veleños acompañando a esas “Damas de Noche”, henchidas de música y versos, que expanden aromas de cultura por esos emblemáticos lugares, tan nuestros, que es un placer frecuentar. El verano se fue, y el otoño llegó con su paisaje de árboles ocres, de hojas secas, arrugadas y amarillentas vencidas sin remedio por el tiempo, obligadas a volar con la brisa antes de caer en el olvido de la calle o el jardín.
    Inmersos en ese otoño que nos regala, quizá para compensar la melancolía de su paisaje, las más bellas puestas de sol, seguimos buscando los versos y la música de ese recital poético que tanta aceptación tiene. Esta vez, la cita tendría que haber sido en el patio de la Casa de Cervantes, pero el temor a esa lluvia caprichosa que amenazaba con aparecer como una invitada más, el lugar se cambió por otro. Las Damas se refugiaron bajo el ancho paraguas que cobija tantos momentos de cultura en Vélez-Málaga: la Sala del Exilio del Palacio de Beniel. Hasta allí nos fuimos sabiendo que, sin mojarnos la lluvia, nos “calaría” hondo esa otra lluvia, mansa y gratificante, llena de música y versos.
    Recitaron sus poemas los poetas; cada uno a su manera, cantaron sus alegrías, sus tristezas, su forma de sentir la vida. Otra vez nos emocionaron sus voces, otra vez sentimos esa envidia sana de quien es capaz de expresar de forma tan bella los sentimientos. Recordé sin querer los versos de un hermoso poema que alguien que conocí dedicó a su mujer: “Quiero ser la mañana / del albor de tu vida / y poner en tu frente / resplandores de aurora”… Ni el poeta ni su musa existen ya, se cerraron sus ojos, se apagaron sus voces, pero sus versos siguen hablándonos, emocionándonos, perdurando en el tiempo, sobreviviendo a la nada en el calor de nuestro recuerdo.
    En la Sala del Exilio, la música y la poesía paseaban del brazo compartiendo anochecer, mientras la lluvia acechaba impaciente tras las ventanas. El tenor Eusebio Pita, muy bien acompañado al piano por José francisco Chicano, nos deleitó, entre verso y verso, con un hermoso repertorio de canciones. Su precioso “Summertime” cerraba el recital poético, y fue tan hermoso que hasta la lluvia se unió repiqueteando con fuerza, coreando con su música mojada la inolvidable canción. La lluvia de otoño cantando al verano. ¡Qué bonito!
    Bajo el amplio paraguas del Beniel se respiraba ese ambiente íntimo, cálido, callado y sereno que acompaña siempre a la música y a la poesía. Momentos gratificantes para endulzar un poco esos días grises, desapacibles, que tiene el otoño y que a veces nos contagian su melancolía. “Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve…”
    Sigue lloviendo cuando escribo este artículo. Desde mi ventana veo las calles mojadas, los paraguas cruzar entre los coches en caravana, y las palomas de siempre, estratégicamente colocadas en el tejado de enfrente, mirando hacia el mismo lado, pintando de gris el paisaje mojado, esperando pacientemente que amaine esa lluvia que frena su vuelo.
    “La lluvia tiene un vago secreto de ternura / algo de somnolencia resignada y amable / una música humilde se despierta con ella / que hace vibrar el alma dormida del paisaje”. El verso que García Lorca escribió, quizá un día lluvioso como este, nos invita a pensar, a oír música, a leer versos, a abandonarnos en esa somnolencia resignada y amable, a descubrir secretos de ternura, a fundirnos y vibrar con el alma de ese paisaje dormido.
    Versos y música en el Beniel para despedir a esas Damas que añoran, seguro, las noches cálidas del verano. Pero volverán de nuevo, y aunque sus flores blancas se hayan cerrado, nos envolverá el recuerdo de su perfume ausente. Tardes de lluvia, paisajes grises… El otoño pasa ondeando al viento la cola de su vestido amarillo, dejando su rastro de hojas muertas, exhibiendo la belleza de su romántico paisaje. Tarareando su canto triste de melancolía.

    (Para Rafa Moral, fiel lector de este Diario, que ama los libros y los versos, y pasea bajo la lluvia de otoño)

     

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