Veleños del siglo XX: Pepe Santacruz

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  • ¿Y qué hubiese pasado si Pepe Santacruz Rodríguez hubiese triunfado en la élite millonaria del futbol español?, pues que no sería nada arriesgado afirmar que ahora sería el ‘amo’ de La Villa. En ella nacido, en su juvenil horizonte de ambiciones y sueños nunca se le pasó por la cabeza otra tumba para el final de sus días que la propia que lo vio crecer. Incluso instalado en las mismas puertas del éxito, cuando quedó para nuestra pequeña historia como el primer futbolista veleño en fichar por un equipo de la División de Honor, no tuvo otra ambición ‘inversora’ para la tranquilidad postrera de los suyos, que comprarse cinco casitas allí mismo donde lo parieron, en el originario barrio alto veleño. Santacruz fue un rápido extremo zurdo que, después de dejar su excelente técnica y su hábil regate en la memoria de nuestros aficionados jugando con el Santa María de su barrio y el Vélez, pasando por el Marbella (cuando formó parte de la Selección Andaluza), saltaba al Elche de Otto Bumbel; equipo con el que, por las dichosas lesiones, solo pudo jugar algunos partidos amistosos. Después estuvo en el Albacete, Mahón (Baleares), Algeciras y otra vez en el conjunto marbellí, desde donde regresa al Vélez para terminar su vida deportiva. Ya retirado —mientras que el diario jornal se lo ganaba trabajando con Encofrados Chicano o Limpiezas Crespo, empresas que a partes casi iguales se dividieron sus treinta años de vida laboral—, durante más de un cuarto de siglo, lo mejor de su persona, su tiempo libre y lo mucho aprendido por esos campos de Dios, lo puso Pepe en entrenar a los más jóvenes de su Escuela de Futbol. Aquella fundada por Paco Castejón —pero ya desaparecida cuando Pepe colgaba las botas—, que nuestro personaje se empeñaría con éxito en recuperar. Como vecino de toda la vida del villano santuario del palomo buchón veleño, desde que tuvo pantalones cortos se recuerda como un entusiasta palomero. Si en esto del palomo Pepe Laíco ha quedado en Vélez como ‘El Papa’, Santacruz continúa siendo uno de los príncipes entre los grandes aficionados de La Villa, Emilio ‘el Barbero’, Paco el Ermitaño, Pepe ‘Vitorica’, Paco Mena, los Zambomba, Miguel ‘Asaura’, Antonio Morales, Paco el Negociante o los más actuales, Manuel Alamino, Arbé, los Chatos, Pepe el Lámina, o los hermanos Reyero. Entrañado en su villano entorno, modesto por cuna y condición, que nadie espere de él el más mínimo autobombo mediático [en la intimidad la cosa cambia], tal vez porque en su fuero interno le baste aquel elogio del gran Antoñito Aparicio: “La zurda de Santacruz me recuerda la izquierda de seda de Luisito Suárez”, …o haber sido en su día con el Juventud Veleño el entrenador con más partidos sin perder, 58, del futbol español a escala nacional. Humildades que, barruntamos, muy posiblemente sean el motivo de que no haya sido aún reconocida como se merece su larga, constante, fructífera e insólita entrega a la enseñanza desinteresada de los jóvenes y los más niños. Estos últimos, su sempiterna vocación. A pesar de los varios homenajes recibidos de la afición balompédica local, cuando el compromiso ciudadano alcanza los quilates altruistas de Pepe —se trate de la tarea social que se trate—, las instituciones no pueden, no deberían, seguir postergando el reconocimiento oficial. Puede ser que —como lírico compendio de toda una vida— este villano principal desde la cuna a la tumba, al son de los cantes no grabados de Juan Breva (pero que se lo podemos escuchar a Cepero), algún día, alguna vez, le apuntara bajito a su Maribel: “Dichoso soy por tener: / mil niños a los que enseñar, / casa, moto, tele y luz, / sesenta buchones pa volar / …y una mujer como tú”.

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