La Feria de San Miguel

  • Aunque el origen oficial de la Real Feria de San Miguel de Vélez-Málaga está allá por el siglo XIX – año de 1842, hace ciento setenta años – por una Real Orden que concedía a Vélez-Málaga una feria ganadera para finales de septiembre y primero de octubre de cada año, el origen verdadero de la centenaria tradición es mucho más antiguo. Desde tiempo inme¬morial, al final del verano, los frailes de San Francisco, del Real Convento de Santiago, celebraban un jubileo al que convo¬caban a los más afamados orado¬res del momento. Y como complemento a estos actos, los veleños orga¬ni¬zaban fiestas profanas que realzaban las fechas, tales como fuegos artificiales, conciertos de la banda de música, toros de cuerda, bailes populares…

    Cada vez acudían más visitantes de los pueblos cerca¬nos. Y como llegaban en sus propias caballerías, de modo es¬pontáneo se fue generando una serie de transacciones comerciales que al poco cobraron gran importancia. En algunas zonas de la ciudad se originaron abrevaderos para los animales, y, tanto compradores y vendedores, como curiosos, por su gran número atrajeron pronto a comercios ambulantes, cómicos, faranduleros, artistas improvisados…

    Un ilustre veleño, maestro de primeras letras y músico, que en 1909 emigró a la República de Argentina, don Manuel González Herrera, autor de un hermosísimo libro en el que narra sus memorias, al recordar las ferias veleñas de su niñez, allá por los últimos años del siglo pasado, nos cuenta: “… Dada la importancia de la población y las innumerables transaccio¬nes de compra y venta de ganado que durante los tres principales días se realizan, todos los pequeños pueblos que rodean a esta ciudad se vuel¬can esos días con distintos y delibe¬rados propósitos. Unos porque vienen a traer ganado para la venta. Otros que desean adquirirlo. Hay quien viene para la compra de objetos domésti¬cos, y quien sólo lo hace por distraerse o divertir¬se… /… siendo tal el considerable número de perso¬nas que afluye de todos lados, que las posadas, hoteles, casas de pensión y muchas particulares, se ven abarrota¬das de pasajeros…”

  • En 1894, al medio siglo de vida oficial, se edita el primer programa de la Real Feria. Una tradición que no se ha roto hasta nuestros días. De ella han bebido otros eventos y otras latitudes. En ella San Miguel también ha sido pionera. Hoy, más de un siglo después, no hay celebración importante en nuestra tierra (Semana Santa, Romería, Carnaval…) que no edite un libro anunciador en el que aparezcan, junto a los actos programados, información comercial y colaboracio¬nes literarias. Una tradición que ha embellecido nuestra cultura popular.

    En este punto, es de obligado recuerdo don Amadeo Téllez Jiménez, un veleño que se autodefinía como “cómico, político y torero”, que logró ser maestro de poetas y amigo personal de Salvador Rueda, y, por un tiempo, Alcalde de Vélez Málaga. Un veleño que se convirtió en la pluma ilusionada que más sabiduría derramó sobre San Miguel en los libros de feria durante toda una vida.

    Hace unos años, los veleños comenzamos de nuevo la antigua costumbre de la feria de día. La auténtica, la que surgió en los orígenes, pero al modo de hoy. Toda una explosión de fiesta al final del verano, que ha tenido un éxito sorprenden¬te, en la que comparten alegría, bebida y comida, miles de veleños y visitantes, y en la que, por la gracia del Sur, aparece un regocijo y un jolgorio muy difícil de igualar, y en la que se cuajan, mientras hay luz solar, las calles y los rincones del centro histórico.

    Que este municipio tan fracturado, con tantos núcleos alejados, con tantos enfrentamientos políticos, con tantos medios de comunicación, con tantas iniciativas duplicadas… encuentre en San Miguel, y en su historia, el pretexto y el ejemplo para la vida en común, el motivo para la concordia y la complicidad creativa, la razón para alcanzar un indivisible proyecto de futuro, solamente posible en la propagación de la actitud colaborativa. Que nuestros problemas – que los hay, y muchos – se aparquen por unos días, y la tolerancia, la fantasía positiva y el empeño de compartir sean la tónica que nos distinga. Que la filosofía ferial del apretón de manos y del cerrar acuerdos, acampe para siempre en la ciencia de este pueblo, y la Real de San Miguel, hidalga tradición que ha propiciado la alegría colectiva de los de aquí durante casi dos siglos, ejemplifi¬que, y nos exhorte a todos a llevar al municipio veleño, y a su comarca, al lugar que le ha destinado su historia…¬ ¡Menuda Historia!
     

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