Los versos de don Manuel

  • Manolo Rincón y Manolo Alcántara son amigos. El primero – un profesional de la salud que ha triunfado en el mundo de la empresa – admira al segundo por sus capacidades imaginativas, por la donosura de sus palabras y por su constancia. El segundo – un poeta que se expresa con la claridad de los ángeles – ha triunfado en el mundo del periodismo, haciendo de la palabra un arma potentísima “cargada de futuro”, y admira al primero por su imaginación, su entrega a un ideal y su constancia. Lo que les une o vincula, a mi entender, es, entre otras muchas cosas, “la constancia”, esa capacidad para no rendirse, para insistir, para recomenzar, para mirar hacia adelante, que les hace seres incombustibles, luchadores y “seguros” de sus objetivos. Pueden estar acertados o equivocados, “pero siempre están seguros” y hacia ellos, sus objetivos y sueños, caminan con pasos decididos.
    Manolo Rincón determinó un día, a las puertas del gran cambio político que se produce al final de la dictadura en el siglo pasado, formar parte de la vida política local. Y lo hizo con tal fuerza, que permanece en el ayuntamiento veleño desde la primara corporación democrática hasta hoy. Primero como andalucista, y, después, como líder de un movimiento segregacionista que ha pretendido, durante casi un cuarto de siglo, separar el núcleo urbano de Torre del Mar del municipio matriz veleño.
    Manolo Alcántara, malagueño de nacimiento y de corazón, debutó en el mundo de la poesía mediando el siglo XX, y se adentró en el mundo del periodismo, diez años después, al cumplir la tercera década, alcanzando éxitos en medios de comunicación tan conocidos como “Pueblo”, “Ya”, “Arriba”, “Marca”, “Época”, RNE, la COPE y TVE. Actualmente escribe una columna diaria, como primera firma, en la contraportada de diarios del “Grupo Vocento” (“Sur”, “El Correo”, “Las Provincias”…)
    Manolo Rincón dejó sin acabar la carrera de Medicina, pero ha triunfado en el mundo de la salud. Manolo Alcántara dejó sin acabar la carrera de Derecho, pero ha triunfado sin paliativos en el mundo de las letras. Treinta años en la vida política local, y una gran empresa, el primero, y 16.000 artículos publicados, y un puñado de libros, el segundo, nos hablan de constancias, en personas aparentemente inconstantes.
    Hace unos años ambos personajes coinciden por una iniciativa que les motiva. Se estaba remodelando el paseo marítimo de Torre del Mar, y Rincón, teniente de alcalde entonces, decide embellecer dicho paseo marítimo con unos mosaicos en los que aparecen versos de Alcántara. Una iniciativa genial. No creo que nadie que haya paseado estos años por Torre del Mar no haya leído los versos de Alcántara. Todos nos hemos maravillado, deleitado, enriquecido, sorprendido, despertado, estimulado… con esa evocadora colección de poemas cortos, lúcidos, hermosos, que nos han florecido, de tramo en tramo, entre arbustos y pensamientos, entre paseos y propósitos.
    ¡Qué pena me da ver cómo una iniciativa buena, imaginativa y enriquecedora, ha sido maltratada! Muchos de los mosaicos de los hermosos versos están rotos, perdidos… ¿A quiénes pueden dañar los cantos de un poeta?, ¿a quién puede dañar la hermosura de unos versos?, ¿a quién puede estorbar el estímulo del pensamiento a lo largo del plácido paseo?…
    No quiero pensar que haya otras intenciones que las meramente gamberras en el destrozo y pérdida de los mosaicos. No quiero pensar que personas decentes dañen la imagen de una ciudad con despropósitos tan ruines, propios de analfabetos mal intencionados, de incultos descreídos, y de desordenados mentales débiles de entendederas…
    ¡Qué pena que los que nos han visitado este verano hayan observado estas cosas en la Axarquía, y puedan pensar de nosotros que somos bárbaros, insensibles, descuidados o irresponsables…! Todos debemos colaborar. A una ciudad se la quiere defendiéndola de atentados y atentadores, cuidando de que caminemos hacia adelante y no hacia atrás, procurando que crezcan las almas de su habitantes más que los tejados de sus casas, valorando la belleza, la sabiduría, el arte, el desinterés, el crecimiento personal… ¡Por Dios, no más atentados contra la poesía, la filosofía y el don de la palabra, que, entre otras cosas, nos pueden hacer mejores…! ¡Menuda Historia!
     

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