El ‘Médico Chico’

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  • Este legendario personaje veleño de principios del siglo XX, durante los 40 años de la Dictadura sólo fue recordado a hurtadillas y entre cuchicheos por no estar bien visto socialmente, al tiempo que era peligroso, mentarlo en voz alta dada la ignominia que rodeó su muerte. Nacido en Valladolid en el seno de una familia acomodada, en su Universidad cursa la carrera de Medicina. En 1909 se presenta a unas oposiciones en Andalucía y consigue la plaza de médico titular en el axarqueño pueblo de Benamocarra, donde nacerán sus dos hijas; Consuelo (que sería madre de José Augusto Morales Gutiérrez, el sobresaliente socialista veleño de las dos primeras legislaturas de la democracia juancarlista) y Maruja (que se casaría con Pepe, el hijo mayor del importante industrial veleño Diego Díaz Montenegro). De fuertes convicciones republicanas y entusiasta seguidor de Hermenegildo Giner de los Ríos, tempranamente, ya en 1917, se afiliaba al Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, Cuando se proclama la II República, se traslada a Vélez-Málaga, ejerciendo como médico en Algarrobo y en el Hospital de Sangre de Torre del Mar (lo que después fue el Hogar Virgen de la Victoria). Bajito de estatura, en Vélez se le empieza a conocer como el ‘médico chico’; sobrenombre con el que quedaría para la posteridad en la memoria popular. Durante la República, entre 1931 y 1935 pondrá sus manifiestas dotes intelectuales en la crítica contra aquella integrista Iglesia de entonces y el caciquismo de la ‘Casa Larios’, publicando mordaces artículos en el prestigioso periódico El Popular de Málaga. Fracasado el golpe del 18 de julio de 1936, Vélez-Málaga permanece republicana, y el Médico Chico es nombrado director del hospital de la ciudad, único en aquel tiempo, el San Juan de Dios del barrio del Pilar. El 8 de febrero de 1937, cuando las tropas ‘nacionales’ entran en la ciudad, parte con su familia por la carretera de Almería, alcanzando la zona republicana en Alcantarilla, Murcia, donde pasará el resto de la guerra. Concluida la atroz guerra civil, se acoge al edicto del generalísimo victorioso, Franco, en el que se informaba que “todo el mundo que no tenga las manos manchadas de sangre podrá regresar a su tierra”. Dada su tranquila conciencia en este capítulo, un demasiado crédulo Augusto Gutiérrez Ruiz retorna con su familia a Vélez-Málaga. Pero lo estaban esperando, según documenta el historiador González López: en efecto, dos de sus propios colegas de profesión, los médicos Fernando Vivar Téllez y Eduardo Jiménez Poey, ya se habían precipitado a denunciarlo. En medio de aquel dantesco ajuste de cuentas de las dos España (los republicanos con sus ‘voluntariosos’ milicianos, los golpistas con sus tribunales militares), el Médico Chico, ya ciego por los crueles interrogatorios sufridos, era fusilado en las tapias del cementerio de Vélez-Málaga el 10 de noviembre de 1939. Ante tan desgarradora estampa de época, justo es consignar que posteriormente el primero de los denunciantes tuvo la entereza de personarse en la casa de la viuda para recabar de ella su ‘imposible’ perdón.

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