La extinción de una especie

  •  Hoy en día tenemos información, hoy sabemos. Por eso es tan triste cómo estamos contemplando impasibles la desaparición de una raza. Hoy sabemos que todo integrante del ecosistema tiene un valor en sí mismo, que la ameba es un componente importante de la Creación, que el Bosón de Higgs da sentido material al todo, que la abeja cumple una función esencial en la formación de nueva vida, al servir de hermosa metáfora para el padre incauto que pasa por la cuita de explicar un coito a un niño inquieto.
    Decía el filósofo y lingüista Nima Jneb “se oye un siniestro chasquido cuando muere el último hablante de una lengua”. Sí, señores, frente al conformismo español estamos obviando, cuando no alentando, el fin de una especie que, además, para más pecado, es autóctona, irrepetible. El Macho Ibérico se muere.
    Sé que habrá quién pase o incluso se alegre, pero no nos engañemos, el Macho es una estirpe, es una forma de vida y además es nuestro; al final todos le echaremos de menos. Porque el Macho es una mezcla pura de flamencura e impavidez, una fusión homogénea entre físico y alma, un bello alarde de vello, una forma incalificable de masajear bolsas escrotales, una seguridad taxativa en cada frase que el Macho desgrana eventualmente. Pero hay más, porque el Macho es comodidad y frescura irrefutables en el atuendo, es dominar a la hembra sin palabras, bastan un leve cambio de presión en la mano guía que conduce un hombro o una mirada imperceptible para el resto de mortales, es comprensión absoluta del juego del balompié, incluyendo datos estadísticos que son facilitados de forma incontestable, el Macho sujeta el cubata con un adelantamiento de hombros y un juego de piernas únicos mientras trasiega su contenido con una entereza envidiable, el Macho fuma como un enterrador pero no parece acusarlo, el Macho es un ente mitad legionario mitad gitano, es la fantasía inconfesable de muchas mujeres, el pecho del Macho es inasequible a los cambios de temperatura (se esconde del mundo cuando está resfriado), el Macho habla de una manera que siempre parece que está a punto de comenzar una pelea.
    Es muy triste. Quedan pocos ejemplares dispersos en el extrarradio, desde donde contemplan atónitos como el hombre actual se hace la cera, fuma con la mano hacia arriba como si estuviera perdiendo fluidos y utiliza un lenguaje ininteligible. Yo mantengo que los echaremos en falta, ¿quién va a calcular en el futuro el peso de cada porción de cada tía que pase calle arriba con una mirada franca capaz de atravesar el más tupido tejido, quién va a lucir las gargantillas de oro de eslabón extra gordo, quién mostrará un abdomen orondo, macizo y aterciopelado con jactancia de nuevo rico?
    Nuevos tiempos, nuevos valores. Cuando todos seamos clones obedientes al poder nos acordaremos de estos seres que ahora nos atrevemos a tachar de pintorescos pero mucho me temo que esta raza será incapaz de adaptarse y desaparecerá. Todos seremos cómplices.

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