La Pasión de Souviron

  • Recientemente el que fuera alcalde de Vélez, Antonio Souviron, ha escrito un artículo en Diario La Axarquía en el que ataca al gobierno del Partido Popular por la iniciativa de quitar el nombre de “La Pasionaria” a una calle del municipio. De ese artículo sorprenden muchas cosas, algunas de las cuales trataré de desgranar en las siguientes líneas. En primer lugar debo confesar mi sorpresa porque es la primera vez que le leo al señor Souviron, en su ya larga vida política, un discurso con claro contenido ideológico. No nos engañemos, la ideología nunca ha sido el fuerte del político malagueño, más bien la tibieza ideológica ha sido la que ha marcado su carrera política. Nunca tuvo el político tan claras convicciones de izquierda como las que manifiesta en su artículo, todo lo contrario: siempre pretendió desvincularse de lo que oliera a izquierda real, a Izquierda Unida o a PCE. De todos es sabida su particular inclinación a pactar y a unirse con partidos y personas cuyos valores no fueran, precisamente, los de izquierdas. Es más, su gestión como concejal y como alcalde distó mucho de acercarse a los valores e iniciativas que, presumiblemente, caracterizan a los partidos de izquierdas.

    En el artículo Souviron pretende, a estas alturas, dar lecciones de democracia. ¿Con qué criterio puede hablar alguien que redujo el Salón de Plenos del Ayuntamiento para evitar la participación democrática de los ciudadanos o alguien que estableció el horario de los Plenos a partir de las ocho de la tarde para evitarse el trance de los asuntos urgentes y los ruegos y preguntas? ¿Con qué criterio puede entonar el himno de la democracia alguien que hizo malabarismos, tanto en el gobierno, como en su propio partido, para que la voz de la mayoría no se hiciera sentir?

    Además, sorprende que con la que está cayendo -en todos los órdenes de la vida social y política, tanto nacional, como local- Souviron salga a la palestra mediática, después de un silencio muy prolongado, para hablarnos de “La Pasionaria”. Creo sinceramente que más le valdría participar en el debate colectivo para dar soluciones a la grave crisis económica por la que atravesamos, una crisis en la que su partido –y él mismo como alcalde y como delegado provincial- han tenido altas cotas de responsabilidad. Me imagino la indignación de alguno de los miles de parados del municipio de Vélez-Málaga cuando compruebe que un exalcalde de Vélez está más preocupado por el nombre de una calle que por los problemas reales de los vecinos y vecinas del pueblo al que un día pretendió gobernar. Una vez más se demuestra esa tibieza ideológica y personal del antiguo alcalde.
    En todo caso es lícito preguntarse qué gana Souviron, en estos precisos momentos, arrimándose tan descaradamente al PCE: ¿qué quiere conseguir ahora de un partido que ha sido su enemigo confeso durante tantos años? O quizá pretenda otra cosa: una vez que mi gobierno, por coherencia y respeto al futuro del municipio, se ha visto impelido a tener que suspender temporalmente el servicio del tranvía, no sería descabellado deducir que él -como artífice material de aquel capricho y despropósito inviable- quiera no asumir su responsabilidad última interponiendo una cortina de humo de cara a la opinión pública. Todo puede pasar por la mente de quien intentó comprar un avión de combate (Phantom), por un montón de millones de las antiguas pesetas, para colocarlo en una rotonda de Vélez.

  • Sea como fuere el señor Souviron, y por supuesto todos los vecinos del municipio, deben saber que la decisión de quitar el nombre de la calle a “La Pasionaria” viene dada, no por cuestiones ideológicas, sino por estricto respeto a la voluntad de los vecinos de esa calle que en reiteradas ocasiones y mayoritariamente han protestado porque su calle no lleve el nombre de la diputada. Parece que el señor Souviron olvida, una vez más, la voluntad popular y la regla de las mayorías cuando asegura que en un futuro Vélez contará con una calle dedicada a la “La Pasionaria”. Por todo lo dicho creo que Souviron tiene muchas pasiones, una de ellas la del poder, pero no precisamente pasión por “La Pasionaria”.

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