Semana Santa saetera

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  • La ‘saeta’ es la artística y peculiar forma de orar con que nuestro pueblo andaluz manifiesta sus sentimientos de repulsa y dolor por la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, y por los sufrimientos de su Divina Madre.
    Pero, pese a esa muerte, la pervivencia de Cristo y del espíritu de su doctrina está presente en nuestro pueblo. Lo está envuelto entre los lamentos amorosos de esas dolidas ‘saetas’, tan bellamente interpretadas, y que, saliendo de lo más profundo del corazón, recorren el espacio traspasando las almas y los velos tenebrosos de la noche, al paso de las procesiones. Cristo vive y está presente en las emotivas lágrimas que resbalan, dificultosamente, por los venerables surcos del rostro ajado por los años de la débil viejecita que, asomada al humilde ventanuco de su encalada casita, contempla emocionada, el paso estremecedor por su estrecha calleja de las imágenes doloridas y flageladas. Y vive también en la limpidez juvenil de las curiosas miradas de esas muchachitas quinceañeras que, apostadas en esquinas y acerados, o a las puertas de alguna discoteca, entre comentarios y risitas irrespetuosas, quizá estén intentando disimular la emoción que las embarga interiormente y que ellas, en su juvenil inconsciencia, creen producto de arcaicas costumbres ya superadas: "cosas de antiguos"…
    Cristo vive, igualmente, entre las mujeres devotas que siguen a los "pasos" cumpliendo promesas realizadas en momentos de angustia y aflicción; y entre los marciales "romanos" y los esforzados costaleros; y está presente, en fin, entre las gentes que, endomingadas, – trajes y zapatos nuevos, niños en brazos y de la mano …- con más o menos devoción, con más o menos profundidad teológica, están ahí formando parte de la tradición de un pueblo que hace que este mundo ensoberbecido, tecnicista y descreído que nos ha tocado vivir, ese espectáculo de belleza incomparable, de emotividad manifiesta que constituye la celebración de nuestra Semana Mayor, perviva a través de los tiempos, de las gentes y de las modas, porque en su esencia de pueblo sufrido, calaron muy profundo las palabras del Hijo de Dios que vino a redimir a los pobres, a los que sufren, a los pacíficos y oprimidos, porque " de ellos sería el reino de los cielos".

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