Tristes y difíciles tiempos

  • Por su evidente situación de gravedad y actualidad, me veo obligado a volver a retomar el tema de la gran crisis económica que nuestro país, con otros muchos europeos, están atravesando. Y me lleva a ello un sentido de solidaria humanidad ante la contemplación de esas colas delante de la oficina de empleo que nos muestran diariamente las televisiones, con familias enteras en situación de paro, e incluso muchas de ellas viéndose en la necesidad de acudir a los comedores y albergues habilitados bien por las autoridades, Cáritas o cualquier otra benéfica entidad; y también otros muchos menos afortunados recurriendo a la mendicidad, y en las noches frías que estamos pasando, cobijándose en portales, estaciones de metro, cajeros automáticos o cualquier otro lugar que les pueda facilitar algún albergue, provistos de viejas mantas o de los míseros cartones que les sirvan de algún abrigo.
    Personas infelices que, hasta no hace mucho, por disfrutar de algún trabajo u oficio y sueldo, contaban con vivienda (probablemente hipotecada), coche y demás comodidades que la sociedad moderna suele proveer, bienestar que, de la noche a la mañana, muchos han perdido de una u otra forma, entre ellas, y muy principalmente, por no haber podido atender, ante las entidades bancarias, el importe de esas hipotecas que, tan fácilmente, les habían sido concedidas cuando contaban con relativos ingresos y posibilidades, No puedo evitar el famoso y divulgado dicho que asegura, grotescamente, que “Un banco es una entidad dónde se te facilita un paraguas cuando hace buen tiempo y te lo retira cuando comienza a llover.” Una gran verdad pero que, en justa lógica, los negocios del dinero son así de positivos, materialistas y sin sentimentalismos.
    Esperemos que, tan triste realidad, pase pronto, y que las autoridades económicas encuentren las fórmulas necesarias que permitan salir de tan lamentable situación.

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