Refranes y contrarrefranes

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  • En alguna ocasión escuchamos o leímos algo tan certero, que afirmaba lo siguiente: “Un refrán es un fragmento de la sabiduría de un pueblo, comprimido en una frase”. El gran Rey Salomón daba tanta importancia a este tema, que consideraba imprescindible “incluir entre los estudios de los sabios de su corte el arte de comprender un proverbio y saber interpretarlo”. Así que, dentro de esa filosofía, es aconsejable seguir la máxima del que nos aconseja lo de “En tus apuros y afanes, pide consejo a los refranes”.
    Por todo ello, hoy nos vamos a ocupar de algunos ejemplos relacionados con este asunto en cuestión, para olvidarnos un poco de esta crisis tan inquietante y divulgada. Y lo comenzaremos con algo tan actual como son los rebeldes y díscolos comportamientos de parte de nuestra juventud (no toda, gracias a Dios) teniendo en cuenta que, con esa “pedagogía” popular, alguien los justificó, lógica y muy atinadamente, con el siguiente proverbio: “La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”; y como es fácil “toparnos” con otros dichos que, aludiendo a igual tema, suelen corregir o afirmar lo contrario, podemos anteponerle aquello otro que aconseja, prudentemente, lo de: “A hijos pequeños no hay que mimar, si los quieres lograr”, o que “Desde pequeñitos se endereza el arbolito”.
    Actualmente, se habla y se escribe mucho sobre la juventud y sus actuales problemáticos comportamientos que traen de cabeza a los padres, alarmados y preocupados, entre otras cosas, por esos “botellones” y sus consecuencias de extremos horarios nocturnos, desgraciadamente acompañados muchas veces de violencia y delincuencia, de drogas, bebidas alcohólicas, etc… Alarma extensiva a los profesores por la indisciplina y actitudes rebeldes en las aulas, con la consiguiente falta de respeto e incluso de violencia contra ellos mismos y sus compañeros, tanto en las clases como en los recreos, etc… Aunque la juventud de todos los tiempos ha tenido esos atributos de rebeldía, producto de esa difícil etapa de adaptación de sus vidas incipientes, nunca llegaron a esos escandalosos extremos ahora observados.
    Y, volviendo al tema refranero que hoy nos ocupa, nos referiremos al tiempo invernal que atravesamos y que tiene, igualmente, sus máximas, como la que asegura que “El resfriado es una leve enfermedad que suele durar una semana medicándose, y siete días sin hacerlo”. Dicha afirmación también tiene una seria contrapartida en la precavida advertencia que, amenazante, nos advierte de que “Constipado mal curado, tísico asegurado”.
    Y, para terminar estos curiosos e interesantes adagios, lo vamos a hacer con unos bastante hogareños y familiares que avisan, muy sabiamente, de que “Quien casa a una hija, gana un hijo; y quien casa a un hijo, lo pierde”; lo cual es muy lógico, porque es natural que la mujer siempre tire más para su casa y sus padres. Pero también, como todos ellos, tienen sus adversas problemáticas con lo de: “Acuérdate suegra de que fuiste nuera, y acuérdate nuera de que serás suegra”, o aquel otro de “A la hija, pan y comida, y a la nuera, pan y afuera”. A todo lo anteriormente expuesto, le suele poner una muy fácil solución aquello, tan práctico y verdadero, que aconseja lo de “El casado, casa quiere”, y, “Cada cual en su casa y Dios en la de todos”.
    Y nada más por hoy amigos. Solamente desearles que el Año Nuevo nos traiga a todos salud, paz y prosperidad.

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