«Nada nuevo bajo el sol…”

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  • Decía el gran Rey sabio Salomón aquella tan profunda y experimentada sentencia de que “No hay nada nuevo bajo el sol”, es decir, que todo cuanto nos sucede ya sucedió, de alguna forma, anteriormente, aunque fuese en tiempos muy remotos. Esta teoría, que parece algo aventurada, tiene su explicación y su lógica que trataremos de exponer a continuación: Hoy, los medios de comunicación nos tienen sometidos a un constante y abrumador “bombardeo” de noticias (sobre todo las nefastas), que suelen ser las más interesantes por espectaculares, y que valoran aquella conocida máxima periodística que nos aclara lo de que “no es noticia que un perro muerda a un hombre, pero sí lo es lo contrario: que un hombre muerda a un perro”.
    Esas informaciones nefastas a que antes aludía, que nos refieren catástrofes como volcanes en erupción, sunamis y riadas imponentes, guerras y revoluciones, robos, raptos, violaciones y asesinatos, estafas, prevaricaciones y aprovechamientos ilícitos, sobre todo los de ciertos personajes renombrados y políticos deshonestos y desaprensivos… y un largo etcétera de delincuencias, unas veces conocidas y castigadas, y otras muchas veces lamentablemente quedadas impunes.
    Ese, parece ser, que constituye el actual panorama de esa parte enferma de la sociedad que nos ha tocado vivir, y digo la parte enferma precavida y sensatamente, porque, gracias a Dios, todavía existen personas honestas y con principios irrenunciables de honradez y hombría de bien; “buena gente”, como ahora se suele decir. ¿Y cómo se concilia todo lo dicho con la sentencia salomónica al principio citada, si ahora hay superada tanta maldad?.
    Pues bien, todos aprendimos, alguna vez, los antecedentes bíblicos de aquella humanidad pionera constituida por Adán y Eva y sus hijos Caín y Abel. Bueno, pues de aquellos cuatro habitantes que solamente existían, los dos primeros fueron desobedientes y aprovechados (“prevaricadores”, que hoy diríamos) al comer de aquella sola fruta que tenían prohibida,entre tantas otras apetitosas que, es de suponer, producía el Paraíso. Por otro lado, el hijo malvado Caín, por un simple plato de lentejas, mató alevosamente a su pequeño e inocente hermano Abel. Así que, visto lo visto, cabe preguntarse: ¿Sí, como ahora sucede, entonces hubiesen existido más habitantes y dispusiesen, además de las lentejas, de envidiados campos petrolíferos, ricos minerales estratégicos o cualquier otra apetecida riqueza actual, no hubiese sucedido igual? Como sabemos, el mundo está lleno de ambiciosos “caínes” usurpadores-acaparadores.
    Explicación complementaria al tema que tratamos, puede ser la de que, con los modernos medios de comunicación (satélites, telefonía, internet, fax, etc.) cualquier acontecimiento anormal o extraordinario que suceda, incluso en el más lejano apartado rincón del planeta, en pocos minutos está en conocimiento del resto de la humanidad; cuando, antiguamente, hubo que esperar a que el italiano Marco Polo, hiciese su famoso viaje a la China para conocerse sus conocimientos, civilización y demás circunstancias. Es de justicia reconocer, también, la conocida inteligencia y sagacidad italiana, y de ello los españoles tenemos alguna experiencia que no nos puede enorgullecer, por ejemplo: la de nuestros aceites de oliva -los mejores del mundo- que ellos nos compran enormes cantidades a granel, para luego comercializarlos envasados, obteniendo una rentabilidad que nosotros no hemos sabido aprovechar.
    Así que, amigos, no tenemos más remedio que coincidir, de algún modo, con la sentencia que dijera el gran Salomón, de que “No hay nada nuevo bajo el sol”, porque así lo vienen demostrando los acontecimientos en el lento transcurrir de los siglos.

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