Don Juan Antonio Salido

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  • Consultado el mítico diccionario español Espasa-Calpe sobre un escritor veleño que destacó en el mundo de las letras y del periodismo a comienzos del siglo XX, llamado Juan Antonio Salido, hallamos una lacónica referencia que dice textualmente: “Autor español, nacido en Vélez-Málaga en 1866, ejerció el periodismo en Madrid y en Cádiz, donde dirigió el Correo de Cádiz”.
    Don Juan Antonio Salido es autor de las obras teatrales “Avisos útiles” y “Una limosna por Dios”, y se le conocen, además, otras obras tales como “Ellos y Ellas”, una hermosísima colección de semblanzas en verso, y el libro de poesía titulado “Amapolas”. Precisamente el libro “Amapolas”, sin duda el más famoso de cuantos publicó, ve la luz en Cádiz en la imprenta de Manuel Álvarez, en calle Cánovas del Castillo, n1 25-27, en 1912, cuando contaba el autor cuarenta y seis años de edad. Fue dedicado a la ilustre dama argentina Clara Figueroa Alcorta, reina hispano-americana de los Juegos Floreales celebrados en Cádiz, el 4 de octubre de 1912 en conmemoración del centenario de las famosas Cortes de Cádiz. Y la dedicatoria reza así junto a una foto de la hermosa Clara: “En prenda de adhesión respetuosa, recuerdo del Certamen, y entusiasta tributo a su espléndida y gentil Soberanía”. (Desconocemos la opinión que, sobre el hecho y el texto de la dedicatoria, tuviera doña Claudia, la buena esposa de don Juan Antonio.)
    El día 23 de marzo de 1929, al poco tiempo de su regreso a Vélez-Málaga, en el Teatro Principal de la ciudad, se estrenó una comedia suya, en un acto y en verso, titulada “El Señor de la Humildad”, llena de gracia y de desenfada versificación, que es buena muestra del gran humor e ingenio del autor que, según cuentan los que le conocieron, la escribió tan solo en cuatro horas, y a petición de varios amigos de la cofradía.
    Pero donde Juan Antonio Salido luce su ingenio en modo sin par es en unas famosas “semblanzas veleñas” que dedicó a treinta y tres personajes del momento y que han corrido de boca en boca a lo largo de los años por los rincones y las familias de la capital de la Axarquía. Estas semblanzas fueron escritas a resultas de las tertulias del café del Carmen, sobre los típicos veladores de mármol, con un nutrido colmado de chispa y gracia, en las que describía a lo más florido de la sociedad veleña del momento, a los médicos, abogados, sacerdotes y políticos, muchos de ellos carentes por completo del sentido del humor del que hacía gala su amigo periodista. Era la época de la dictadura del General Primo de Rivera. El mundo de entreguerras presentaba una silueta especial, y, por supuesto, en Vélez-Málaga, también se vivían los “felices años veinte”.
    Del labrador don José Peña Ramos, entonces alcalde, dice unos graciosos versos que luego se han repetido y aplicado a otros alcaldes de otras épocas: “Personalmente apreciado, / de la alcaldía cansado / y harto de sacrificarse / al régimen obligado, / todavía no ha encontrado / ocasión para marcharse”. Del abogado don Antonio Romero de la Cruz dice “Es el Juez Municipal, / vende abono mineral, /tiene suerte al dominó, / y una tía a quien dejó / su marido un capital.” Al industrial don Fernando Vivar Torres y García de la Aguas, lo definía como “Franco, inquieto, servicial, / de un carácter especial, y de modales muy finos, / tiene fincas, una empresa, / y en el cajón de su mesa / un rollo de pergamino”. El abogado don Francisco Timonet Benavides era, según parece, muy alto. Don Juan Antonio se burla de él con una chistosa semblanza que dice “Abogado distinguido / hombre de mundo que ha sido / periodista en Antequera, / y para hablarle al oído / hace falta una escalera. A varios médicos dedica sus aguijones verbales. De entre ellos podría destacarse la semblanza que dirige al que fuera director del Hospital de San Juan de Dios, don Eduardo Jiménez Poey: “A lo de médico añade / lo de persona finísima. / Tiene una novia guapísima, / y está si cade o no cade". Del maestro don Juan Herrera Ramos, patriarca de una generación de enseñantes, dice con jovialidad que es “Competente, serio, honrado, / en su escuela ha desarmado / dos o tres generaciones, / y hoy, ya vive dedicado / a jugar al subastado / y a presidir procesiones.
    Magistrados, maestros, farmacéuticos, periodistas, notarios, agentes comerciales, sacerdotes… Nadie destacado de su época se libró de una aguda semblanza. Así hasta treinta y tres. Y para terminar resulta lógico incluir la autobiográfica que se dedica a él mismo y que rezaba textualmente: “Se marchó de aquí, animoso,/ en busca de un porvenir, / y ya viejo y achacoso, / ha vuelto al pueblo a vivir, / ni envidiado ni envidioso”.
    Los últimos años de su vida los pasó don Juan Antonio entre el cuidado de la finca que poseía hacia la Cruz del Cordero y sus humorísticas tertulias del Café del Carmen. Desconocemos la fecha de su muerte, que suponemos en la década de los años treinta. Esperamos, y deseamos, que algún familiar, o algún curioso guardador, nos la pueda proporcionar en algún momento. No cabe duda de que se trata de un personaje cuyo ingenio merece de quienes puedan, que se haga un esfuerzo por impedir que su persona y su obra se difuminen en el olvido.

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