Un error en «El Ingenio»

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  • Cada día va menos gente al cine. Es una pena, pero eso es lo que parece cuando los aficionados al séptimo arte nos acercamos a ver una película a "Cinesur", instalado en el centro comercial "El Ingenio". Muchas veces hemos estado solo cuatro o seis personas viendo una proyección. A veces menos. Salas excelentes, cómodas, limpias, amplias y con una tecnología acorde a los tiempos que corren. Una gozada de audio, temperatura, etc., para quienes aman una buena sesión de cine. Ya pasó la época donde la cabeza del espectador de la fila anterior era un suplicio para el cinéfilo. Ya pasó la incomodidad de aquellos aseos malolientes y poco higiénicos de los cines de antaño, ya pasó la época de las dificultades en la audición, los "cortes" en las sesiones, y los incómodos acomodamientos. ¿Cómo es posible – me pregunto – que ante salas excelentes, películas excelentes, equipamiento óptimo… cada vez veamos más vacías las doce salas del "Cinesur"? ¿A qué se debe la pérdida de audiencia cinematográfica, cuando la tecnología ha mejorado, la programación ha mejorado, la comodidad de las salas de proyección ha mejorado, el aparcamiento de los cines está muy bien diseñado…? ¿Es caro el cine? ¿Es difícil llegar a él? ¿Hay algo concreto que hace que el que va al cine grabe en su subconsciente la consigna de "no volver"?… Evidentemente algo falla. Se deben estar cometiendo errores de diversa índole por parte de la empresa. Quizás la política de precios, quizás los "gastos adicionales" que supone ir al cine en estos tiempos, quizás matices de trato… Sin duda existen errores. Y sería bueno descubrirlos.
    A nosotros nos parece que uno de los errores es que, los espectadores, que cuando llegan encuentran una cómoda escalera mecánica que les sube a la planta de los cines, se encuentren, al terminar la película, que la escalera de bajada ha sido invertida en su dirección. Es decir, la comodidad del reclamo se ha acabado tras pagar la entrada y ver la película. Evidentemente se trata de una estrategia de venta del centro comercial que te obliga a salir por el "pasillo de la restauración", en un supuesto intento de que te pares a consumir en uno, o varios, de los establecimientos allí instalados. Tras superar esto, además, hay que bajar por la zona central del Ingenio y recorrer todo el pasillo de la planta baja hasta salir a la puerta de los aparcamientos, precisamente a escasos metros de donde la escalera te hubiese dejado de no haber sido pervertida y engañosamente invertida.
    Ningún cartel anunciador te avisa de que, terminada la película, tendrás que peregrinar entre hamburguesas, pizzas, bocatas y pinchos para poder salir de donde te habías metido a ver una película. Ningún aviso te pone en guardia de que, para llegar al aparcamiento del cine, a la salida de la proyección tendrás que andar unos centenares de metros más que a la llegada. Ningún indicador que te avise de que te metes en un ámbito unidireccional porque algún "cerebrito" del márquetin ha diseñado la idea de que fastidiando al espectador éste se va a sentir feliz de hacerle caja a los establecimientos cercanos al cine.
    Los que, cada vez más, elegimos con pena ir a ver las películas a Yelmo Cineplex en Rincón de la Victoria, donde no se da la perversa manipulación de las escaleras mecánicas, jugamos en el camino de vuelta a mirar el reloj y ver, según esté la carretera, si el tiempo que se tarda en regresar a tu coche, varía mucho del que te exige hacer el Ingenio – y sin avisar – para poder iniciar tu regreso al domicilio.
    Con las casi "dos mil pesetas" de las dos entradas que ha de dejar en taquilla una pareja, con las otras "mil pesetas" largas de unas palomitas y un agua que se deja la misma pareja en el mostrador del cine, con la sombría tentación de tener "forzosamente" que pasar ante una serie de bares y restaurantes, "casi siempre vacíos" porque, según creemos, no están los tiempos para muchos dispendios sumativos a la tarde de cine…, más el castigo de recorrer un regreso alargado por diez, en relación al de llegada, no es de extrañar que cada vez acuda menos público al cine.
    Me he sentido burlado cada vez que, sin aviso previo, he tenido que salir de Cinesur por donde El Ingenio ha querido; con fines que no comparto, quitándome la libertad de elegir mi camino. Pero comprenderán que ante las técnicas de márquetin que los axárquicos tenemos que sufrir en el Ingenio – al menos los que somos mayores y eso de las caminatas y las escaleras no nos gusta – lo mejor será no ir al cine. Al menos hasta que el entuerto se enmiende, y en este centro comercial se impongan otras mentalidades. (Otro día hablaremos de los vigilantes de las escaleras invertidas que le dicen a los clientes que desean "bajar", aquello de: – "No es mi problema. Esto es lo que hay"). ¡Menuda Historia!

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